El Salvador llega a este 1 de enero con 25 años de economía dolarizada. El dólar manda en comercios, bancos y salarios, mientras el colón quedó fuera de la vida diaria. Además, casi la mitad de los 6 millones de habitantes nunca lo ha tenido en las manos.
La dolarización entró en vigor en 2001. El gobierno del conservador Francisco Flores propuso la Ley de Integración Monetaria y la Asamblea Legislativa la aprobó, en medio de reclamos de la izquierda política.
El cambio fijó la tasa en 8.75 colones por dólar y abrió la puerta al uso pleno de la moneda estadounidense.
Durante los primeros meses, ambas monedas circularon a la par. El colón perdió terreno rápido. El dólar se impuso en pagos, ahorros y créditos. Desde entonces, domina toda la economía salvadoreña.
Hoy, al cumplirse un cuarto de siglo de la medida, el debate sigue abierto. La dolarización trajo estabilidad, pero también dejó límites estructurales que persisten.
Lo que buscaba la dolarización
La reforma apuntó a frenar la inflación y dar previsibilidad. También buscó atraer inversión y bajar las tasas de interés.
El plan incluyó una mayor alineación económica con Estados Unidos. Ese país concentra el comercio y el origen de las remesas.
Con el tiempo, los resultados quedaron a medio camino, según análisis económicos y datos oficiales.
Los efectos positivos del dólar
Desde 2001, la inflación se mantuvo baja. El promedio anual ronda el 2%. En muchos periodos, el alza de precios llegó desde Estados Unidos.
Las tasas de interés bajaron entre 4 y 5 puntos porcentuales. Esto facilitó créditos hipotecarios y financiamiento a largo plazo.
El país eliminó el riesgo cambiario. El comercio exterior y las remesas, que aportan cerca del 24% del PIB, ganaron previsibilidad.
La dolarización también fortaleció la confianza macroeconómica. Inversionistas y empresas operan con reglas claras.
Los costos del modelo
El crecimiento económico perdió ritmo. Antes de 2001, el PIB crecía cerca del 4% anual. Después, el promedio bajó a alrededor del 2%.
El Estado perdió control monetario. No puede devaluar ni emitir moneda en crisis. La pandemia dejó en evidencia ese límite.
Al inicio, el costo de vida subió. Muchos precios se redondearon al alza y golpearon el ingreso de los hogares.
La economía quedó más expuesta a choques externos. La política monetaria depende de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Bitcoin no cambió el escenario
En 2021, El Salvador sumó el bitcoin como moneda de curso legal. La decisión convivió con el dólar.
La adopción fue limitada. El dólar siguió siendo el medio de pago principal. Comercios y bancos continúan operando casi solo en dólares.
El colón, una moneda ausente
El colón nació en 1892 y fue la moneda nacional por más de un siglo. La dolarización lo sacó del uso cotidiano.
Hoy no circula en comercios ni bancos. Los billetes y monedas permanecen en bóvedas del Banco Central de Reserva o como piezas de colección.
Aunque la ley aún lo reconoce al tipo de cambio fijo, en la práctica es una moneda simbólica y olvidada.
Un cuarto de siglo después
La dolarización, dicen sus defensores, aseguró estabilidad de precios y menor riesgo cambiario. También redujo las tasas de interés.
Sin embargo, no generó un crecimiento alto ni transformó la estructura productiva. La pobreza y la dependencia externa persisten.
Hoy, el colón quedó como un recuerdo del pasado monetario del país.
