Centroamérica registra un crecimiento económico sostenido, con tasas que oscilan entre el 3% y el 4.6% en los últimos años, pero este avance convive con altos niveles de deuda pública y déficits fiscales en varios países, según el informe “Principales indicadores macrofinancieros” del Banco de España, elaborado con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA) y estadísticas nacionales.
Costa Rica es uno de los casos más representativos. Su deuda pública alcanzó cerca del 92% del Producto Interno Bruto (PIB), uno de los niveles más altos de la región, lo que refleja una presión fiscal significativa pese a su crecimiento económico sostenido.
El Salvador también enfrenta desafíos fiscales, con déficits recurrentes y una deuda pública cercana al 60% del PIB, lo que limita la capacidad del Estado para invertir en desarrollo social y económico sin recurrir a mayor financiamiento.
En el resto de la región, países como Honduras y Guatemala mantienen niveles de deuda más moderados, pero igualmente enfrentan déficits fiscales que reflejan desequilibrios entre ingresos y gastos públicos, una constante en las economías centroamericanas.
A nivel regional, los saldos presupuestarios continúan siendo negativos en varios países, con déficits que rondan entre el -2% y el -4% del PIB, lo que evidencia una dependencia sostenida del endeudamiento para financiar el gasto público.
Pese a este escenario, la región ha logrado mantener cierta estabilidad macroeconómica, con inflación controlada en torno a niveles bajos y una recuperación del empleo en algunos mercados laborales, factores que sostienen el crecimiento.
No obstante, los analistas advierten que el principal desafío no es solo crecer, sino hacerlo de manera sostenible. El peso de la deuda y los déficits fiscales podría convertirse en un riesgo si las condiciones externas cambian o si se encarece el financiamiento internacional.
En ese contexto, Centroamérica enfrenta una disyuntiva clave: consolidar su crecimiento económico o corregir sus desequilibrios fiscales, en una región donde ambas metas siguen avanzando, pero no siempre al mismo ritmo.
