La relación comercial entre El Salvador y China muestra en 2026 uno de sus momentos más desequilibrados. Las cifras del Banco Central de Reserva de El Salvador evidencian una brecha creciente entre lo que el país centroamericano compra y lo que logra vender al gigante asiático.
En el primer trimestre del año, las exportaciones salvadoreñas hacia China se desplomaron 90.2 %. Pasaron de $21.13 millones en 2025 a apenas $2.07 millones en 2026. Esto significó una caída de $19.05 millones en solo tres meses.
Este desplome se explica en gran medida por la ausencia de compras de azúcar y productos de confitería, que en el mismo período del año anterior habían representado $19.5 millones. Así se evidencia la alta dependencia de pocos productos.
La actual canasta exportadora es reducida y de bajo valor: $1.42 millones en prendas de vestir, $437,086 en aluminio y montos mínimos en farmacéuticos. Además, las exportaciones en plásticos y papel son mínimas, lo que limita el alcance comercial salvadoreño.
Balanza comercial en contra
En contraste, las importaciones desde China continúan en aumento. Solo entre enero y marzo de 2026, El Salvador compró $960.35 millones en bienes al país asiático, un incremento de 15.8 % frente al mismo período de 2025.
La magnitud del desequilibrio es clara: El Salvador importa casi 500 veces más de lo que exporta a China. Esto consolida una balanza comercial ampliamente favorable al gigante asiático y una dependencia creciente del mercado salvadoreño.
A nivel anual, la tendencia se repite. En 2025, las importaciones desde China alcanzaron $3,566.1 millones, un aumento de 34.4 %. Mientras tanto, las exportaciones salvadoreñas apenas sumaron $49.9 millones, equivalentes al 0.8 % del total exportado.
En este contexto, la inversión extranjera directa proveniente de China fue de solo $330,000 en 2025, una caída de 87.4 % respecto a 2024. En contraste, el total nacional fue de $474.83 millones, lo que refuerza las críticas sobre una relación donde China amplía su presencia comercial, mientras El Salvador obtiene beneficios limitados y enfrenta el desafío de reducir una brecha cada vez más profunda.
