El superávit del 10.9% que presume Nicaragua no viene del crecimiento: cae el consumo y las importaciones

El inusual saldo positivo en las cuentas externas del país se explica más por ajustes internos y factores externos que por un fortalecimiento real de su economía.

Mientras Ortega destaca datos positivos, la población siente abandono de las autoridades. (Imágen generada con IA)

Nicaragua registró un superávit en cuenta corriente equivalente al 10.9% de su Producto Interno Bruto (PIB), uno de los más altos de Centroamérica, según el informe “Principales indicadores macrofinancieros” del Banco de España, elaborado con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA) y estadísticas oficiales.

El dato contrasta con la tendencia regional, donde la mayoría de economías mantiene déficits o saldos moderados. En términos tradicionales, un superávit de esta magnitud suele asociarse a un fuerte dinamismo exportador o a una economía altamente competitiva.

Sin embargo, en el caso de Nicaragua, el mismo informe muestra señales que apuntan en otra dirección. El superávit coincide con una caída en la presión de las importaciones, lo que suele reflejar una demanda interna debilitada y menor consumo.

Las causas del superávit

Este comportamiento se produce en un contexto económico condicionado por el entorno político. Bajo el régimen de Daniel Ortega, el país enfrenta sanciones internacionales, restricciones institucionales y un clima de inversión limitado, factores que impactan directamente en la actividad económica interna.

El dictador Daniel Ortega aisla a Nicaragua y eso tiene consecuencias económicas.

A esto se suma un fenómeno clave: la migración sostenida de nicaragüenses en los últimos años. La salida de población reduce el consumo doméstico, pero al mismo tiempo incrementa el ingreso de remesas, lo que contribuye a la entrada de divisas y al saldo positivo externo.

El informe también destaca que Nicaragua recibe inversión extranjera directa equivalente al 7.7% del PIB, una de las más altas de la región, con una gran participación de China, lo que aporta liquidez externa, aunque en un entorno donde persisten cuestionamientos sobre transparencia y condiciones para los inversionistas.

Pero el otro lado de la ecuación es el endeudamiento. La deuda externa del país alcanza el 71.9% del PIB, un nivel elevado que coloca a Nicaragua entre las economías más comprometidas financieramente en Centroamérica.

China amplió su participación en Nicaragua y avanza en el territorio.

En paralelo, la economía mantiene un crecimiento proyectado de alrededor del 4.9%, un dato positivo en apariencia, pero que no necesariamente refleja una expansión sostenida del consumo, del empleo formal o de la inversión privada.

Así, el caso nicaragüense deja una interrogante abierta: si el superávit no responde a un mayor dinamismo económico, sino a una contracción de importaciones y consumo, ¿hasta qué punto refleja una mejora real o más bien un síntoma de las limitaciones estructurales de una economía bajo presión política y social?

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