Banca salvadoreña encara 2026 con cartera sana, más regulación y señales de desaceleración

Con una mora menor al 2 %, depósitos en máximos de cuatro años y ajustes regulatorios en marcha bajo el acuerdo con el FMI, el sistema financiero llega fortalecido a 2026.

La banca salvadoreña creció a doble dígito en depósitos gracias a las remesas familiares. /Archivo CA360

La banca salvadoreña cerró 2025 con indicadores saludables que evidencian una gestión prudente y una consistencia financiera sostenida, pero el 2026 asoma con desafíos que pondrán a prueba la capacidad del sector para mantener su dinamismo en un entorno menos expansivo, sostiene un análisis de Moody’s Local.

El crecimiento crediticio avanzó en sintonía con la economía nacional. Por segundo año consecutivo, los sectores de construcción, consumo y comercio —motores clave del producto interno bruto (PIB)— explicaron más del 60 % del incremento en la cartera, que hasta diciembre de 2025 registró un sólido aumento interanual del 8.8 %.

Esta correlación confirma que la demanda de préstamos, tanto corporativos como personales, se mantiene activa. No obstante, el reto para el próximo año será sostener esa expansión sin perder calidad en un contexto de menor crecimiento.

La agencia Moody’s Ratings estima que la economía salvadoreña podría moderarse de un 3.3 % a un 2.6 % en 2026, un ajuste que obligará a las instituciones financieras a priorizar sectores menos sensibles al ciclo económico y a reforzar sus modelos de gestión de riesgo.

Cartera robusta y liquidez holgada

Uno de los principales respaldos del sistema continúa siendo la calidad de sus activos. Con una mora consistentemente inferior al 2 %, la cartera de préstamos se mantiene entre las más sanas de Centroamérica. A ello se suma una cobertura de reservas sobre cartera vencida superior al 150 %, lo que otorga un margen adicional ante eventuales deterioros.

El desempeño también ha sido favorable por el lado del fondeo. Los depósitos crecieron 16.9 % interanual al cierre de 2025, el nivel más alto de los últimos cuatro años, impulsados por el flujo persistente de remesas y por la gestión del requerimiento regulatorio de liquidez.

Sin embargo, hacia 2026 se anticipa una normalización de este dinamismo. La continuidad en la baja de tasas de interés y una eventual moderación en el crecimiento de las remesas podrían desacelerar el ritmo de expansión de los depósitos, reduciendo parte del impulso observado el año pasado.

El fortalecimiento del marco regulatorio es otro de los ejes que marcarán la agenda del sector. Los compromisos asumidos bajo el Acuerdo de Servicio Ampliado (EFF) con el Fondo Monetario Internacional están orientados a alinear la normativa salvadoreña con estándares internacionales y a robustecer la supervisión financiera.

En materia de liquidez, el ajuste gradual del encaje legal avanzará hasta alcanzar el 15 % previsto para 2026. Durante 2025, los saldos mantenidos en el Banco Central de Reserva superaron en promedio el mínimo vigente del 14 %, favorecidos por altos niveles de liquidez en el sistema, una tendencia que se espera continúe y facilite el cumplimiento del nuevo umbral.

La mejora en el riesgo país también ha fortalecido la posición de la banca para negociar fondeo externo, en línea con el seguimiento de las condiciones acordadas con el FMI. Aun así, la estructura de financiamiento sigue descansando principalmente en el ahorro interno, históricamente más estable y accesible que el crédito internacional.

En paralelo, el sistema bancario consolida su papel como principal receptor del ahorro del público. Tras episodios aislados en algunas entidades cooperativas, los depositantes —especialmente aquellos con montos superiores al límite de cobertura del Instituto de Garantía de Depósitos— priorizan la supervisión de la Superintendencia del Sistema Financiero y marcos de gobernanza más robustos, incluso por encima de tasas más altas ofrecidas por entidades no bancarias.

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