El empleo juvenil en Centroamérica enfrenta una crisis que va más allá del acceso al trabajo. Un nuevo estudio regional advierte que la falta de oportunidades de calidad está empujando a miles de jóvenes a considerar la migración como una salida viable.
Según el Índice de Empleabilidad Juvenil en Centroamérica, el 63% de los jóvenes estaría dispuesto a migrar si no encuentra un empleo acorde a sus expectativas, y la mitad tomaría esa decisión en menos de seis meses.
El informe, elaborado por Kantar Mercaplan, se basa en 1,200 entrevistas a jóvenes de entre 18 y 30 años en seis países de la región: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
Los resultados muestran que, aunque el 86% de los jóvenes ha trabajado alguna vez, la calidad del empleo sigue siendo baja, con salarios insuficientes y condiciones laborales inestables.
De hecho, solo el 41% considera que su ingreso le permite cubrir sus necesidades básicas, lo que refuerza la percepción de que el trabajo disponible no garantiza estabilidad económica.
A esto se suma la alta informalidad laboral. Más de la mitad de los jóvenes trabaja sin contrato formal o bajo esquemas temporales, lo que limita el acceso a derechos como seguridad social y protección laboral.
El estudio también advierte una desconexión entre la formación académica y las demandas del mercado. Aunque existe disposición a capacitarse, persisten brechas en habilidades clave como idiomas y competencias digitales.

Ante este escenario, destinos como Estados Unidos, Canadá y España se posicionan como las principales opciones para quienes buscan mejores oportunidades, lo que incrementa el riesgo de fuga de capital humano joven en la región.
Especialistas advierten que, sin cambios estructurales en las condiciones laborales y en la conexión entre educación y empleo, Centroamérica podría enfrentar la pérdida sostenida de una generación clave para su desarrollo económico y social.







