Los efectos atribuidos al fenómeno de El Niño mantienen en una situación crítica a las comunidades costeras del sur hondureño, donde la pesca representa una de las principales fuentes de ingresos y alimentación.
La laguna de invierno de La Berbería no alcanzó el nivel de agua necesario para albergar vida marina. La prolongada sequía y las débiles mareas impidieron que el ecosistema se recuperara durante la temporada lluviosa.
Estas lagunas se llenan de manera estacional con las precipitaciones y funcionan como refugio para aves, reptiles y especies acuáticas. También sostienen la pesca artesanal durante varios meses del año.
En temporadas anteriores, las familias capturaban tilapias, camarones, cangrejos y otros productos. Este año, sin embargo, los pescadores aseguran que prácticamente no encontraron especies para comercializar o consumir.

“En años anteriores pescábamos variedad de animales marinos; este año, nada”, relató Pedro Hernández, habitante de La Berbería. Explicó que la alta salinidad también retrasa el crecimiento de las especies.
El dirigente ambientalista Modesto Ochoa aseguró que la zona nunca había enfrentado dificultades de esta magnitud. Aunque se registraron algunas lloviznas, estas fueron insuficientes para aumentar el volumen de agua.
La actividad depende de la combinación del agua dulce de las lluvias con el agua salada que ingresa desde el Pacífico por los esteros. Ese equilibrio permite la reproducción y abundancia de especies en el Golfo de Fonseca.
Ante la pérdida de ingresos y alimentos, las comunidades solicitaron al gobierno hondureño asistencia inmediata y programas de compensación, similares a los implementados para los agricultores afectados por la sequía.







