En medio de una sangrienta guerra que ha dejado decenas de miles de víctimas en la provincia de Donetsk desde la invasión iniciada en 2014 y masificada en 2022, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo dio un nuevo paso en su alineamiento con el Kremlin.
La Asamblea Nacional de Nicaragua, controlada por el régimen, aprobó un decreto que convierte en ley las relaciones de “amistad” entre la ciudad de Managua y el distrito urbano de Donetsk, territorio ucraniano ilegalmente ocupado y anexado por la Federación de Rusia.
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Un acuerdo bajo la sombra de la invasión
Con 91 votos a favor, los parlamentarios sandinistas ratificaron la iniciativa impulsada por el Ejecutivo, fijando el 12 de diciembre como el “Día de la Amistad” entre ambas localidades.
Según la versión oficial leída por el diputado libero-sandinista Wilfredo Navarro, el pacto suscrito el pasado 5 de junio en San Petersburgo busca “fortalecer intercambios culturales, deportivos y de cooperación”.

El legislador se refiere a la firma de un acuerdo entre Laureano Ortega Murillo, hijo de la pareja dictatorial, con Denis Pushilin, designado por Moscú como administrador de las zonas de la región de Donetsk controladas por Rusia
Sin embargo, detrás de la retórica de “desarrollo económico” y “hermanamiento”, la medida representa un claro respaldo diplomático a las pretensiones territoriales de Moscú en suelo ucraniano.
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Aislamiento y lealtad ciega al Kremlin
Antes del conflicto a gran escala, la región de Donetsk albergaba a más de cuatro millones de personas; hoy, golpeada por devastadores bombardeos, desplazamientos masivos y un drástico colapso demográfico, es escenario de una de las crisis humanas más graves del siglo.
La ratificación de esta ley reafirma la posición de Nicaragua como uno de los contados satélites de Vladímir Putin —junto a regímenes como Siria y Corea del Norte— en reconocer la anexión ilegal de las regiones de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia.
Esta postura, que ya provocó la ruptura formal de relaciones diplomáticas por parte de Ucrania y el rechazo de la ONU, demuestra la disposición de Managua de validar la agresión militar rusa a costa de su total aislamiento internacional.







