El turismo, uno de los principales motores de ingreso de divisas para Cuba durante décadas, atraviesa su momento más crítico. La combinación de una fuerte caída en la llegada de visitantes, hoteles prácticamente vacíos y el retiro de importantes operadores internacionales refleja el deterioro de un sector que llegó a ser uno de los pilares de la economía cubana.
Las cifras muestran la magnitud del retroceso. Cuba pasó de recibir cerca de 4.7 millones de turistas en 2018 a 1.81 millones en 2025, una reducción superior al 61 % en siete años. En el primer trimestre de 2026, la ocupación hotelera apenas alcanzó el 12.9 %, uno de los niveles más bajos registrados, mientras que en el primer cuatrimestre ingresaron 328,608 visitantes, un 55.8 % menos que en el mismo período del año anterior.
La crisis también golpeó a los principales mercados emisores. Canadá, históricamente el mayor proveedor de turistas para la isla, redujo sus llegadas en más de un 60 %, mientras que el mercado ruso prácticamente desapareció. Incluso los viajes de cubanos residentes en el extranjero, que durante años ayudaron a sostener parte de la actividad turística, disminuyeron de forma considerable.
El deterioro coincidió con la salida definitiva de Meliá, Iberostar y Barceló, tres cadenas españolas que durante tres décadas administraron una parte importante de la oferta hotelera cubana.

Meliá, que operaba 34 hoteles y más de 14,000 habitaciones, atribuyó su retiro a la falta de condiciones mínimas para mantener la operación, en un contexto marcado por apagones, escasez de combustible y crecientes dificultades logísticas.
Más allá de las sanciones externas, analistas sostienen que el desplome del turismo responde principalmente a décadas de mala gestión del régimen cubano. La falta de inversión, el deterioro de la infraestructura, los apagones y la escasez de combustible han convertido a la isla en un destino cada vez menos competitivo.
El resultado es un sector que perdió buena parte de su atractivo frente a otros destinos del Caribe, como República Dominicana o Bahamas. Pese a estar a solo 90 millas de Florida y contar con ventajas naturales únicas, Cuba no ha logrado aprovechar su potencial turístico.

La salida de grandes cadenas hoteleras internacionales y el desplome de visitantes reflejan, además, la incapacidad del modelo económico para sostener una de las principales fuentes de divisas del país. La crisis del turismo se suma a la escasez de alimentos, la inflación y la emigración masiva que enfrenta la isla.
Economistas consideran que un escenario de apertura económica, con garantías para la propiedad privada y la inversión, cambiaría por completo el panorama. El ingreso de capital, especialmente de empresarios de la diáspora cubana en el sur de Florida, podría acelerar la modernización del sector y devolver competitividad a un destino que llegó a recibir 4.7 millones de turistas al año.







