La organización no gubernamental Prisoners Defenders alertó sobre una grave crisis humanitaria en las cárceles de Cuba, donde más de 90.000 reclusos estarían sometidos a condiciones de desnutrición severa que podrían provocar daños irreversibles en su salud.
El informe, basado en testimonios, material fotográfico y análisis nutricional, sostiene que la alimentación en prisión no solo es insuficiente, sino que responde a un patrón sistemático de privación. Según la ONG, las condiciones se ven agravadas por la falta de atención médica y el deterioro sanitario dentro de los centros penitenciarios.
Las cifras son contundentes. El estudio estima que la ingesta diaria de los reclusos oscila entre 250 y 353 kilocalorías, muy por debajo de las 2.100 calorías mínimas recomendadas en contextos de emergencia y de las 2.553 necesarias para un adulto promedio.
Esto significa que los presos reciben apenas entre el 10% y el 14% de la energía necesaria para el funcionamiento básico del organismo. En el caso de las proteínas, el consumo diario se ubica entre 6,6 y 10,1 gramos, cuando el estándar internacional ronda los 56 gramos, es decir, solo entre el 12% y el 18% del requerimiento.
El déficit también alcanza niveles críticos en vitaminas y minerales. La vitamina C prácticamente no está presente (entre 0 y 1 mg diarios frente a los 90 mg recomendados), mientras que la vitamina B12 apenas llega hasta un 13% del nivel necesario, lo que eleva el riesgo de anemia, escorbuto y deterioro neurológico.

El documento describe que el desayuno consiste en un pequeño pan de entre 45 y 60 gramos acompañado de té sin azúcar. El almuerzo y la comida se limitan a menos de 30 gramos de arroz, unos 50 gramos de sopa diluida y cerca de 20 gramos de una preparación conocida como “croqueta hervida”, lo que aporta entre 65 y 100 calorías por servicio.
A estas condiciones se suman problemas sanitarios como infestaciones de chinches en las celdas. Aunque no transmiten enfermedades, su presencia constante provoca insomnio, lesiones cutáneas y agrava cuadros de anemia y debilidad en personas ya desnutridas.
El informe advierte que mantener este régimen durante años puede derivar en desnutrición crónica, pérdida extrema de masa muscular, inmunodepresión y deterioro cognitivo, aumentando el riesgo de infecciones y complicaciones graves de salud.

Finalmente, Prisoners Defenders concluye que estas condiciones podrían constituir violaciones a estándares internacionales de derechos humanos, al no garantizar alimentación adecuada, atención médica ni condiciones dignas de detención para la población carcelaria.







