La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) expresó su preocupación por el proyecto portuario Puerto Barú, en David, al considerar que podría impactar el Parque Nacional Coiba, declarado Patrimonio Mundial, y uno de los ecosistemas de manglares más importantes de América Latina.
La advertencia surge en medio de temores en Panamá sobre los posibles daños al bosque de manglares protegido que rodea el área propuesta para el puerto, donde se concentra aproximadamente 25 % de los manglares del país. El canal de navegación proyectado atravesaría una zona declarada legalmente protegida desde 2007.
El proyecto de Puerto Barú, en David, al occidente de Panamá, se ha presentado como “el primer puerto verde multipropósito” del país y la inversión privada más importante en la historia de la provincia de Chiriquí. El proyecto logístico, agrícola y turístico busca conectar la región occidental de Panamá con el mercado global, impulsando el desarrollo sostenible y la exportación local. Está ubicado a 18 km del centro de David y cerca del Aeropuerto Internacional Enrique Malek.
El Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO instó al Gobierno panameño a reevaluar el impacto del desarrollo y garantizar que cualquier decisión considere plenamente el Valor Universal Excepcional del Parque Nacional Coiba, evitando efectos negativos “antes de tomar cualquier decisión que sería difícil de revertir”.
La organización pidió que el proyecto sea evaluado conforme a la Guía y Herramientas para Evaluaciones de Impacto en un Contexto de Patrimonio Mundial, subrayando la necesidad de proteger la integridad ecológica del área.
El desarrollo de Puerto Barú ya enfrenta dos demandas ante la Corte Suprema de Justicia de Panamá, que cuestionan la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) y alertan sobre posibles afectaciones a ecosistemas delicados. Además, los promotores del proyecto interpusieron demandas civiles y penales contra organizaciones ambientales que han manifestado oposición, lo que derivó en la congelación de activos de dos ONG, impidiéndoles cubrir salarios.
Un estudio científico independiente, realizado por la firma internacional Lynker, concluyó que el EIA utilizó metodologías deficientes y subestimó los riesgos para los manglares y la biodiversidad de la zona.
El área alberga especies en peligro crítico, como el mono araña centroamericano de corona negra y la tortuga carey, considerada la tortuga marina más amenazada del mundo. También habitan delfines nariz de botella, aves, iguanas, peces, crustáceos y moluscos, además de arrecifes de coral cercanos que podrían verse afectados por el dragado intensivo requerido para habilitar el canal de navegación.
Vasser Seydel, presidenta de The Oxygen Project, advirtió que el proyecto representa un “riesgo potencial irreversible” para Coiba y otros ecosistemas protegidos.
“Los manglares son infraestructura climática de primera línea; protegen comunidades, almacenan carbono y sostienen medios de vida. Poner en peligro uno de los ecosistemas de manglares más críticos del mundo no es desarrollo, es un fracaso climático global y una injusticia en derechos humanos”, afirmó.
En la misma línea, Christian Vanizette, cofundador de chilli.club, señaló que “no podemos permitirnos destruir manglares en plena emergencia climática”.
Por su parte, la bióloga marina Callie Veelenturf recordó que Panamá reconoció los Derechos de la Naturaleza mediante la Ley 287, que garantiza que los ecosistemas puedan existir, prosperar y regenerarse. “Avanzar con Puerto Barú en esta ubicación, mientras UNESCO pide cautela, pondría en riesgo ese compromiso histórico”, sostuvo.
La controversia mantiene abierto el debate sobre el equilibrio entre desarrollo económico, protección ambiental y cumplimiento de compromisos internacionales en materia de conservación.







