El arzobispo emérito de Tegucigalpa, Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, advirtió este domingo sobre los riesgos de la ambición desmedida y denunció que en la actualidad existen “dictadores en el mundo que se creen dioses”.
Durante la homilía celebrada en la Basílica Menor de Suyapa, el líder religioso alertó sobre las “ofertas engañosas” del pecado, especialmente en el contexto de la Cuaresma.
“Hoy día hay dictadores en el mundo que se creen dioses. Todo esto te daré si me adoras, adorar el mal, adorar el pecado, someter a otras personas a la esclavitud, que es la tentación del poder”, subrayó el cardenal.
Señaló que el pecado suele disfrazarse de libertad o inteligencia, particularmente entre los jóvenes, cuando en realidad conduce a la esclavitud.
“Muchos jóvenes hoy creen que pecar es ser más inteligentes que los demás, más libres que el sistema, más modernos que la Iglesia, pero en realidad el pecado nunca amplía la vida, la reduce, nunca soluciona nada, más bien complica, nunca libera, el pecado esclaviza, el enemigo siempre vende caro lo que en realidad no vale nada, el pecado es una oferta engañosa”, enfatizó.
Rodríguez reflexionó sobre las tentaciones de Jesús en el desierto y explicó que la primera representa el materialismo y el intento de manipular a Dios para beneficio propio. Recordó las palabras de Cristo: “No solo de pan vive el hombre”, al señalar que el ser humano también tiene hambre de verdad, justicia y sentido de vida.
La segunda tentación, añadió, simboliza el triunfalismo y la búsqueda del espectáculo. “Es la tentación del éxito por encima de todo, de la ostentación”, afirmó, citando la respuesta bíblica: “No tentarás al Señor tu Dios”.
Sobre la tercera tentación, la calificó como la más grave, al estar vinculada con la seducción del poder absoluto. Advirtió que algunos líderes buscan imponerse como si fueran dioses, alejándose de los valores cristianos. No obstante, recordó que Cristo venció estas pruebas con la fuerza de la palabra de Dios.
El cardenal también contrastó la justicia divina con la humana, señalando que la de Dios se fundamenta en la misericordia y no solo en el castigo. Exhortó a los fieles a no postergar el arrepentimiento ni la conversión y llamó a acercarse al sacramento de la reconciliación, alimentarse de la palabra de Dios y mantenerse vigilantes ante las tentaciones.
Finalmente, explicó que el desierto simboliza un tiempo de fortalecimiento espiritual y dejó tres llamados claros para esta Cuaresma: no creer en las falsas promesas del pecado, no retrasar la conversión y permanecer firmes en la fe para alcanzar la libertad y la paz interior.







