La tormenta solar se originó a partir de una descomunal erupción solar ocurrida el domingo alrededor de las 17:40 horas UTC en una región activa del Sol identificada como AR 4345, ubicada cerca del centro del astro, alcanzando su punto máximo minutos después.
Las regiones activas son zonas de la superficie solar con campos magnéticos excepcionalmente intensos, capaces de generar manchas solares, llamaradas y eyecciones de masa coronal, fenómenos que liberan enormes cantidades de energía al espacio.
En este caso, la eyección de masa coronal provocó una radiación solar severa clasificada como nivel S4 y derivó en una tormenta geomagnética categoría G4, una combinación que los expertos consideran la más potente registrada en más de dos décadas.
Según especialistas en clima espacial, la intensidad de estos campos magnéticos puede superar hasta mil veces los niveles habituales, debido a la torsión y el movimiento del plasma solar durante el actual cambio de ciclo magnético del Sol, un proceso que ocurre aproximadamente cada once años.

El impacto del fenómeno ha sido monitoreado por agencias científicas y espaciales, entre ellas la NASA y la NOAA, que advirtieron sobre posibles efectos en sistemas de navegación satelital, comunicaciones de radio, redes eléctricas y aumento de la exposición a radiación en determinadas latitudes.
Como consecuencia de esta hiperactividad solar, se han observado auroras en zonas inusuales del planeta, un indicador de la magnitud de la tormenta geomagnética y de su alcance más allá de las regiones polares.
En este contexto global, países de Centroamérica, entre ellos Panamá, también se encuentran bajo vigilancia por el incremento de la radiación solar, aunque los expertos subrayan que el fenómeno tiene un alcance planetario y forma parte de un escenario más amplio de actividad solar extrema que continuará siendo monitoreado en los próximos días.







