Delcy Rodríguez fue juramentada como presidenta interina de Venezuela el pasado 5 de enero de 2026, luego de la repentina captura y expulsión del poder de Nicolás Maduro. La decisión ha provocado un reacomodo inmediato en el liderazgo chavista, pero el panorama político y militar del país permanece frágil y con múltiples frentes abiertos.
Rodríguez, exvicepresidenta y figura clave del oficialismo, encabeza una de las facciones civiles dentro del chavismo, junto a su hermano Jorge Rodríguez. En paralelo, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el ministro del Interior, Diosdado Cabello, representan los intereses del ala militar, que ha incrementado su influencia desde la muerte de Hugo Chávez.
A esta división institucional se suman grupos armados autónomos y colectivos con agendas propias que podrían desatar violencia ante cualquier fisura interna.
El equilibrio en la cúpula chavista dependerá de cómo reaccionen ante la presión ejercida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Mientras que Delcy Rodríguez ha mostrado apertura hacia reformas económicas y políticas más orientadas al mercado, sectores militares con fuerte control sobre recursos como petróleo, oro, alimentos y narcotráfico podrían resistirse a cualquier medida que amenace sus privilegios.
“Como dijo un fundador de un colectivo en 2021: ‘Mientras exista el imperialismo, la lucha armada siempre estará presente’”, advierte el análisis.

Una posible fractura entre civiles y militares podría derivar en un conflicto asimétrico, con participación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), integrada por 123,000 efectivos activos y cerca de 300,000 milicianos. También se sumarían los colectivos armados, con fuerte presencia territorial en zonas estratégicas.
Las fuerzas policiales, como la PNB, el CICPC y el SEBIN, históricamente marcadas por la corrupción y la represión, mantienen lealtades más cercanas al sector militar que al civil.
En este escenario, también jugarán un papel clave los grupos criminales y guerrilleros como el ELN y disidentes de las FARC, quienes controlan actividades ilícitas en la frontera con Colombia. Aunque sin lealtades ideológicas, podrían aprovechar la inestabilidad para expandir sus dominios. A diferencia de las bandas locales, los guerrilleros aún mantienen objetivos políticos y podrían alinearse contra cualquier liderazgo que colabore con Washington.
“Trump ha dicho que Estados Unidos gobernará Venezuela de facto”, lo cual podría ser percibido como una afrenta inaceptable por parte del sector militar, profundizando aún más las tensiones en el país.







