El fenómeno de El Niño podría marcar un nuevo punto de inflexión para el clima global. Investigadores citados por la revista Nature advierten que el episodio que comenzó a desarrollarse este año podría ser el más intenso registrado en al menos 150 años, una situación que elevaría el riesgo de que 2027 se convierta en el año más caluroso desde que existen mediciones.
Para Centroamérica, una de las regiones más vulnerables a la variabilidad climática, el fortalecimiento de El Niño incrementa la preocupación por una posible intensificación de las sequías, las olas de calor y las alteraciones en los patrones de lluvia, con efectos sobre la agricultura, la disponibilidad de agua y la seguridad alimentaria.
Según el climatólogo Zeke Hausfather, de Berkeley Earth, algunos modelos proyectan que la combinación entre el calentamiento global provocado por la actividad humana y el calor adicional liberado por el océano Pacífico podría elevar la temperatura media del planeta hasta 1,7 °C por encima de los niveles preindustriales en 2027.
Ese nivel colocaría a la Tierra muy cerca, e incluso temporalmente por encima, del umbral de 1,5 °C fijado como referencia en el Acuerdo de París.
Las proyecciones también se fortalecen desde la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que estima una probabilidad del 80 % de que este episodio alcance la categoría de “muy fuerte” antes de finalizar el año. Además, el organismo considera prácticamente seguro que las condiciones de El Niño persistirán al menos hasta abril de 2027.
Aunque los científicos aclaran que han existido episodios aún más intensos en escalas geológicas, la principal inquietud es que este evento podría reflejar un cambio en el comportamiento del ciclo climático conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). Investigaciones basadas en registros de corales sugieren que el cambio climático podría estar modificando la frecuencia e intensidad de estos fenómenos naturales.
Los especialistas coinciden en que el mayor impacto de El Niño suele sentirse al año siguiente de su desarrollo, como ocurrió en los episodios de 1997-1998, 2015-2016 y 2023-2024.
De mantenerse las actuales proyecciones, la década de 2020 podría cerrar con varios récords consecutivos de temperatura global, mientras Centroamérica se prepara para afrontar un escenario de mayor presión sobre sus recursos hídricos y una creciente exposición a fenómenos climáticos extremos.
