El director de Educación de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), Marlon Escoto, explicó que el año concluyó a finales de octubre, 2 semanas antes de lo previsto. Según el exministro, la reducción de la jornada escolar no solo incumple la meta legal, sino que también afecta el aprendizaje de miles de estudiantes, especialmente en las zonas rurales.
Escoto precisó que el promedio de clases impartidas representa un 8 % menos de lo proyectado por el propio gobierno, que esperaba alcanzar al menos 171 días. La cifra se convierte en un nuevo revés para la administración de Xiomara Castro, que en ninguno de sus cuatro años ha logrado cumplir con los 200 días exigidos por la legislación educativa.
El registro más alto durante este periodo se dio en uno de los años anteriores, cuando se contabilizaron alrededor de 180 días lectivos. Sin embargo, los continuos paros magisteriales, problemas logísticos y el deterioro de la infraestructura escolar han impedido consolidar un ciclo completo de enseñanza.
Otro punto de preocupación es el estado de los centros educativos. Escoto advirtió que cerca del 40 % de los 19 mil edificios escolares del país carecen de servicios básicos como agua potable o energía eléctrica, lo que limita tanto la enseñanza como el uso de esos espacios para otros fines, como las elecciones generales programadas para el 30 de noviembre.
Organizaciones sociales y expertos en educación advierten que el incumplimiento reiterado del calendario escolar no solo afecta el rendimiento académico, sino también las oportunidades futuras de los niños y jóvenes hondureños, que enfrentan un sistema educativo debilitado y con escasos recursos.
La ASJ insiste en que el Ministerio de Educación debe diseñar un plan de recuperación del tiempo perdido y garantizar condiciones dignas para los estudiantes, antes de que el déficit de clases se convierta en una crisis estructural irreversible.
