Expresidente Juan Orlando Hernández lleva su caso judicial en Honduras al escenario mediático que más le favorece

El indultado expresidente hondureño tiene una clara estrategia y la desarrolla en el escenario que le conviene y en el que se siente muy cómodo: la del escándalo puro. Como se fuera protagonista de un caso de prensa rosa y no un acusado de corrupción millonaria, además de condenado por narcotráfico (e indultado), JOH figura como se lo ha propuesto: como “víctima”

El expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, a su llegada a los tribunales de justicia.

El expresidente Juan Orlando Hernández, el condenado por narcotráfico e indultado, lleva su acusación de corrupción en Honduras en el escenario en el que, según su estrategia, más le conviene: el del escándalo mediático. Esa exposición forma parte, claramente, de una estrategia que busca mantenerlo en el centro de la conversación, reforzar su narrativa de persecución política y proyectar una imagen de liderazgo que trasciende el expediente judicial.

La audiencia inicial celebrada el 12 de agosto terminó suspendida después de que el Ministerio Público ratificara la acusación contra el expresidente. La continuación quedó programada para el 18 de agosto, cuando el tribunal comenzará a analizar los 49 medios de prueba presentados por la acusación.

Mientras el proceso avanza en los tribunales, Hernández y su entorno han conseguido llevar cada episodio al terreno político y mediático. Allí, el exmandatario parece desenvolverse con mayor comodidad.

Cada audiencia se convierte en un acto político

La comparecencia judicial no se limitó al intercambio entre fiscales, defensa y juez. Hernández llegó acompañado por figuras políticas y abogados que reivindicaron su derecho al debido proceso y la presunción de inocencia.

Después, su equipo difundió un comunicado con una lectura política de lo ocurrido. La defensa cuestionó la presencia del procurador general, Dagoberto Aspra, y calificó sus actuaciones como maniobras destinadas a alimentar un discurso de “justicia selectiva”.

Ese mensaje trasladó rápidamente la discusión desde los elementos procesales hacia las supuestas motivaciones políticas del caso.

Así, cada audiencia adquiere una segunda dimensión. Además del trámite judicial, funciona como escenario para que Hernández exponga su versión, confronte a sus adversarios y mantenga su nombre en las noticias.

Aspra lo acusó, hace un par de días, de ser pieza clave en una estructura de crímen organizado. Esto reventó a JOH, como lo llaman, pero le dio combustible para seguir en el rol de víctima. 

La estrategia se apoya en una narrativa conocida

Hernández no está construyendo ahora una narrativa nueva. Su defensa repite elementos que ya utilizó durante el proceso que enfrentó en Estados Unidos.

El expresidente sostiene que existe una persecución política en su contra y cuestiona la credibilidad de quienes lo señalan. En Pandora II, esa narrativa se adapta al terreno de la corrupción y el manejo de fondos públicos.

Su equipo afirma que la Fiscalía recicla señalamientos de investigaciones anteriores y que no presentó elementos novedosos. También sostiene que el proceso forma parte de una trama política impulsada por sus adversarios.

La exprimera dama Ana García de Hernández reforzó esa posición. Según declaró, existe una “agenda política internacional” detrás del proceso y la verdad terminará favoreciendo a su esposo.

De Hernández, también política, aspiró a la candidatura presidencial del Partido Nacional en el proceso electoral que culminó el año pasado.

El expediente judicial plantea otro debate

La estrategia comunicativa contrasta con el contenido del proceso. El Ministerio Público acusa a Hernández de fraude y lavado de activos por el presunto desvío de unos $10.8 millones entre 2010 y 2013, cuando aún era congresista (fue presidente del país de 2014 a 2022).

La investigación vincula esos recursos con organizaciones utilizadas, según la acusación, para canalizar fondos públicos hacia actividades políticas. La Fiscalía presentó 49 medios de prueba para sustentar sus señalamientos.

El material incluye documentos, peritajes, testimonios y evidencias físicas. Por tanto, el próximo capítulo del proceso tendrá que concentrarse en la valoración de esos elementos.

La defensa tendrá entonces la oportunidad de responder formalmente a los cargos y presentar sus propias pruebas.

Hernández aprovecha el contraste entre tribunal y opinión pública

Ese escenario ofrece al expresidente 2 espacios distintos. En el tribunal debe responder a pruebas y argumentos jurídicos. En el espacio público puede plantear el caso desde una perspectiva política y personal.

La diferencia resulta importante. Una acusación judicial exige respuestas sobre hechos concretos, documentos y movimientos financieros. Una disputa política permite ampliar el debate hacia persecución, venganza, conspiraciones y defensa del legado.

Hernández ha elegido explotar ese segundo terreno con intensidad. Sus declaraciones, las de su defensa y las de sus aliados alimentan una cobertura que mantiene el caso en el centro de la agenda.

El expresidente conserva una capacidad de movilización política

La escena también muestra que Hernández mantiene vínculos con sectores del Partido Nacional, organización que gobernó Honduras durante sus 2 períodos presidenciales.

El diputado nacionalista Marco Midence apareció junto al expresidente y reclamó que el proceso respete la Constitución, el debido proceso y la presunción de inocencia.

Ese respaldo no determina el resultado judicial. Sin embargo, sí evidencia que Hernández conserva capacidad para generar acompañamiento político y atención mediática.

Por eso, su regreso a los tribunales no representa únicamente el retorno de un expresidente a un proceso penal. También supone la reaparición de una figura política que busca recuperar espacio en la conversación nacional.

El efecto rockstar del regreso a la escena pública

Hernández ha convertido sus apariciones públicas en momentos de alta exposición. Rodeado de cámaras, abogados, simpatizantes y dirigentes políticos, se muestra ante las audiencias como una figura que todavía genera interés y movilización.

Su regreso al país, el 26 de julio, se convirtió en una especie de mitin sin serlo. Entre aplauzos y vítores, demostró que tiene un capital político vigente.

La imagen resulta especialmente significativa después de los años de ausencia derivados de su proceso en Estados Unidos. Ahora, cada comparecencia le permite recuperar visibilidad y hablar directamente a sus seguidores.

El resultado es una paradoja comunicativa. Mientras el tribunal intenta concentrarse en un expediente de fraude y lavado de activos, Hernández consigue que buena parte de la conversación se centre en su figura.

La próxima audiencia pondrá a prueba esa estrategia

El 18 de agosto comenzará una fase más técnica del proceso. El tribunal deberá revisar los medios de prueba presentados por el Ministerio Público y escuchar la respuesta de la defensa.

Esa etapa puede cambiar el foco de la discusión. La atención tendrá que trasladarse de las declaraciones públicas hacia la consistencia de las pruebas y los argumentos jurídicos.

Hasta entonces, Hernández mantiene el terreno que mejor controla: el mediático. Allí puede presentarse como víctima de una persecución, reivindicar su trayectoria política y aparecer nuevamente como protagonista.

La batalla judicial seguirá en los tribunales. La otra, la que Hernández parece buscar deliberadamente, continuará frente a las cámaras.

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