El fenómeno de El Niño ya agrava el calor, reduce lluvias y amenaza cultivos en Centroamérica

Autoridades de seis países de la región alertan por temperaturas extremas, disminución de lluvias, sequías prolongadas y riesgos para la producción de alimentos debido al fortalecimiento del fenómeno climático.

La sequía asociada al fenómeno de El Niño amenaza con reducir la disponibilidad de agua en toda la región centroamericana.

El fenómeno de El Niño ya comenzó a impactar a Centroamérica con temperaturas más elevadas, una marcada reducción de las lluvias y períodos de canícula más prolongados, condiciones que amenazan la producción agrícola y la seguridad alimentaria en países como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, según informes oficiales.

Los organismos meteorológicos de la región coinciden en que el fortalecimiento de El Niño obligará a mantener un monitoreo permanente de las condiciones climáticas y a implementar medidas para proteger la producción agrícola, garantizar la seguridad alimentaria y reducir el impacto sobre las poblaciones más vulnerables.

Guatemala: riesgo de crisis alimentaria

En Guatemala, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) advirtió que el país enfrenta el riesgo de una crisis alimentaria debido al déficit hídrico y al calor extremo.

El director de Información Geográfica, Estratégica y Gestión de Riesgos, Rafael López, explicó que la canícula podría extenderse entre 40 y 42 días o incluso más, afectando principalmente los cultivos de maíz y frijol, base de la alimentación nacional. Además, la probabilidad de consolidación de El Niño supera el 98 %, lo que favorecerá temperaturas superiores a los 35 °C.

El Salvador: menos lluvias y más calor

El Salvador también confirmó oficialmente la presencia del fenómeno desde el pasado 23 de junio. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) informó que durante julio y agosto se prevén menos lluvias, más calor y un incremento de los días secos, especialmente en la zona oriental y las áreas costeras.

La institución recordó que recientemente el país enfrentó una ola de calor de 12 días con temperaturas superiores a los 40 °C en algunos sectores.

Honduras y Nicaragua, agricultura afectada

En Honduras, la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) alertó que la canícula ya comenzó y podría prolongarse hasta septiembre debido a la influencia de El Niño.

Nueve departamentos permanecen bajo alerta verde por sequía, mientras los agricultores enfrentan dificultades adicionales como el alto costo de los fertilizantes, la escasez de mano de obra y la limitada disponibilidad de sistemas de riego, factores que incrementan el riesgo de pérdidas en las cosechas de granos básicos.

Nicaragua también reporta afectaciones en la producción agrícola. Las autoridades señalaron que la llegada de El Niño coincidió con la siembra del ciclo de primera, provocando estrés hídrico en cultivos de maíz, frijol, café, cacao, tomate, cítricos, caña de azúcar y aguacate. Asimismo, persisten problemas sanitarios en el sector ganadero por la propagación del gusano barrenador en 25 municipios. Un eventual evento de El Niño extremo podría comprometer especialmente la producción nacional de frijol.

Costa Rica y Panamá sufren el impacto

Costa Rica registró temperaturas históricas durante junio. El Instituto Meteorológico Nacional (IMN) informó que más de 10 estaciones meteorológicas alcanzaron récords de temperatura máxima para ese mes. San Mateo, en Alajuela, registró 37.7 °C, mientras que Liberia alcanzó 36.6 °C.

Según el meteorólogo Kenneth Chaves Cruzel, estas condiciones están asociadas al fenómeno de El Niño, que suele provocar temperaturas superiores al promedio durante la época lluviosa.

En Panamá, el Instituto de Meteorología e Hidrología (Imhpa) reportó una reducción de entre 50 % y 70 % en las lluvias en sectores de Chiriquí, Veraguas, Herrera y Coclé, mientras que el resto del país experimentó disminuciones cercanas al 30 %.

Las autoridades prevén que El Niño continúe fortaleciéndose hasta alcanzar su máxima intensidad entre octubre de 2026 y enero de 2027, con efectos que podrían prolongarse hasta abril de 2027, incrementando el riesgo de sequías, incendios forestales y disminución de la disponibilidad de agua, principalmente en la vertiente del Pacífico.

 

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