El exencargado de negocios de Estados Unidos en Nicaragua, Kevin O’Reilly, aseguró que el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha consolidado una relación de dependencia política y de seguridad con Rusia para asegurar su permanencia en el poder, una estrategia que, según advirtió, enfrenta crecientes riesgos por el contexto internacional.
En un artículo de opinión, el exdiplomático estadounidense, que sirvió en Nicaragua de junio de 2023 a diciembre de 2025, utilizó el término ruso “krysha”, que significa “techo”, para describir la protección que, a su juicio, el presidente ruso, Vladimir Putin, brinda a la administración nicaragüense a cambio de lealtad política y cooperación estratégica.
O’Reilly señaló que la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó recientemente un tratado de extradición y un acuerdo sobre traslado de personas condenadas con la Federación Rusa, iniciativas que, según afirmó, fueron impulsadas desde Moscú y respaldadas sin debate por el oficialismo.
A juicio del exfuncionario, estas acciones reflejan el creciente alineamiento de Managua con Rusia. Además, recordó que en los últimos años ambos países han firmado acuerdos de cooperación en materia de seguridad, inteligencia, defensa, protección recíproca de funcionarios y asociación estratégica.
El analista sostuvo que estos convenios fortalecen la presencia e influencia rusa en Nicaragua y permiten al Gobierno de Ortega acceder a cooperación en inteligencia y seguridad interna para enfrentar a la oposición.
Según O’Reilly, a cambio de ese respaldo, Nicaragua facilita a Rusia una plataforma para la difusión de contenidos de medios estatales como Sputnik y RT dirigidos a América Latina, además de otras actividades vinculadas con inteligencia.

Apoyo limitado
El exdiplomático indicó que Ortega y Murillo también buscan diversificar sus relaciones económicas mediante un mayor acercamiento con China, con el propósito de reducir la dependencia de Estados Unidos, principal destino de las exportaciones nicaragüenses y uno de los mayores mercados turísticos para el país.
No obstante, advirtió que la capacidad de Rusia para sostener ese respaldo podría verse limitada debido al desgaste provocado por la guerra en Ucrania y a la presión que enfrenta Moscú en distintos frentes internacionales.
“¿Podrá el techo resistir una tormenta impredecible?”, se pregunta O’Reilly, para luego responderse:
“La protección rusa a la dictadura siempre ha dependido tanto de la fanfarronería como de la sustancia, pero a medida que la insensata y destructiva invasión de Putin a Ucrania consume la atención, el personal militar y los recursos rusos, y a medida que Ucrania golpea con creciente eficacia la infraestructura energética que sostiene la economía y la maquinaria de guerra de Rusia, quienes rodean a Ortega y Murillo quizás deberían pensar en al-Ásad, ahora en su jaula dorada moscovita, y en Maduro, en su celda neoyorquina, pero también en los allegados que alguna vez los mantuvieron en el poder; y deberían preocuparse de que el amparo del techo ruso solo se extienda hasta cierto punto sobre sus propias cabezas en la ciudad de Managua tan lejana de Moscú”.
O’Reilly también afirmó que el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos introduce un nuevo elemento de incertidumbre para el Gobierno nicaragüense. A su juicio, la política exterior más agresiva de Washington hacia Venezuela y Cuba debería servir como advertencia para Managua.
Finalmente, O’Reilly concluyó que la permanencia del respaldo ruso dependerá de la evolución del conflicto en Ucrania y de la capacidad de Moscú para seguir destinando recursos a sus aliados, por lo que cuestionó si el llamado “techo ruso”será suficiente para proteger al Gobierno nicaragüense frente a un escenario internacional cada vez más incierto.







