Ocho años después de la rebelión cívica de abril de 2018, Nicaragua continúa sumida en una crisis sociopolítica marcada por la violación masiva de derechos humanos y la consolidación de una dictadura dinástica.
Así lo devela un informe del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM).
El análisis, publicado este 14 de abril de 2026, señala que el poder se concentra cada vez más en torno a la familia gobernante Ortega Murillo, mientras se intensifican las purgas dentro del aparato estatal en un contexto de creciente aislamiento internacional.
CETCAM describe el sistema político nicaragüense como una “dictadura dinástica totalitaria”, resultado de un proceso iniciado en 2007 que eliminó los contrapesos institucionales y subordinó todos los poderes del Estado al Ejecutivo.
Consolidación autoritaria
El punto de quiebre fue abril de 2018, cuando la represión a las protestas ciudadanas transformó el escenario político con saldos sangrientos de 355 asesinatos, 2000 heridos, miles de desaparecidos, detenidos, torturados y casi un millón de exiliados y desplazados.
Desde entonces, la dictadura ha contenido cualquier disenso mediante mecanismos coercitivos, mientras sostiene la narrativa de un supuesto intento de golpe de Estado.
Este diagnóstico coincide con informes de la ONU, cuyo Grupo de Expertos sobre Nicaragua ha documentado persecución sistemática contra opositores, periodistas y sociedad civil, señalando posibles crímenes de lesa humanidad.
Purgas y control interno
El informe destaca la intensificación de purgas desde 2023, con la destitución de más de 35 alcaldes y procesos contra figuras históricas del sandinismo como el exasesor Bayardo Arce.
Según CETCAM, estas acciones responden a una reconfiguración del poder impulsada por la co dictadora Rosario Murillo para consolidar su sucesión. Sin embargo, advierte que estas purgas generan temor, pero también descontento interno.
La centralización del poder se ha extendido a los gobiernos locales. En 2026, el Ejecutivo eliminó la autonomía municipal al trasladar el control de recursos a la Procuraduría General.
Organismos como la CIDH y la OEA han denunciado el desmantelamiento del Estado de derecho, incluyendo la cooptación judicial, la cancelación de organizaciones y la falta de garantías electorales.
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Represión y exilio
La ONU y la CIDH documentan cientos de miles de exiliados, presos políticos y restricciones a libertades fundamentales, además de confiscaciones y cierre de espacios cívicos.
La oposición, mayoritariamente en el exilio, impulsa propuestas de transición centradas en la liberación de presos políticos y la restitución de derechos.
CETCAM advierte que existe una posible ventana de cambio, aunque depende de la unidad opositora y del respaldo internacional.
A ocho años de 2018, Nicaragua sigue bajo control férreo, pero con crecientes tensiones internas y externas que abren un escenario de incertidumbre sobre su futuro político.
