La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos en una operación militar el pasado enero marcó un punto de inflexión para la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, al debilitar uno de sus principales respaldos políticos y económicos en las últimas dos décadas, así lo advierte un análisis del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM) publicado el miércoles.
El nuevo escenario regional surge en un momento particularmente complejo para la cúpula orteguista, que intenta consolidar una sucesión dinástica encabezada por Rosario Murillo en 2026.
Sin embargo, el respaldo al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) apenas ronda el 12 %, mientras la purga interna impulsada por Murillo —que ha implicado destituciones y encarcelamientos de figuras del propio oficialismo— genera costos políticos dentro de la estructura de poder.
En el plano económico, CETCAM advierte que la presión de Estados Unidos también se intensifica. Los aranceles a productos nicaragüenses fuera del CAFTA-DR pasarán del 0 % en 2026 al 10 % en 2027 y 15 % en 2028, además del 18 % impuesto en 2025. Washington advirtió que podría modificar el cronograma si persisten abusos laborales, violaciones de derechos humanos y el deterioro institucional. A esto se suman las exigencias públicas de liberar a presos políticos y cuestionamientos a la figura de la copresidencia de Murillo.
Además, CETCAM señala que el aislamiento internacional se profundiza con resoluciones de la OEA y la cautela de aliados como Rusia y China tras la acción estadounidense en Venezuela y el aumento de presiones sobre Cuba. El análisis advierte que la reacción del régimen nicaragüense se resume en prudencia y silencio estratégico, en un contexto donde su estabilidad depende principalmente de la represión y el control institucional.
Posibles escenarios
El análisis plantea tres posibles escenarios: Primero, CETCAM advierte la consolidación autoritaria pese al aislamiento, en un marco en el que las tensiones y contradicciones dentro del orteguismo son contenidas, mientras el aparato represivo se mantiene como pilar de sostenimiento del régimen y la presión internacional resulta insuficiente o se diluye, y la oposición no consigue articular una estrategia capaz de forzar una transición democrática, convirtiendo las elecciones de 2027 en una nueva farsa sin garantías.
“Este escenario es el menos probable debido al rechazo nacional, el aislamiento político del régimen, la presión de Estados Unidos como un actor de primer orden, y las condiciones internacionales actuales, pero no puede descartarse por completo”, dice CETCAM.
El segundo escenario que plantea el análisis es una transición controlada desde el propio régimen para preservar impunidad e intereses económicos.
En ese escenario, los propios Ortega-Murillo u otros de la cúpula orteguista impulsarían ajustes al modelo totalitario, pero preservando sus intereses esenciales de impunidad y las fortunas acumuladas. La represión adoptaría formas menos brutales; mientras un sector de la oposición se adaptaría a estas condiciones, renunciando a demandas fundamentales y sometiéndose a concesiones parciales. En este contexto, las elecciones de 2027 se realizarían con cambios cosméticos en la legislación electoral y con la participación de fuerzas políticas previamente filtradas o toleradas por el régimen.
“Visto el papel de Estados Unidos, este escenario implicaría una negociación con interlocutores del régimen que no formen parte directa de la familia Ortega-Murillo. Sin embargo, la dictadura tiene poco que ofrecer más allá de revertir concesiones otorgadas a empresas chinas, retirar dispositivos rusos de espionaje o hipotéticamente, otorgar concesiones estratégicas a empresas estadounidenses, como podrían ser los derechos para la construcción de un canal interoceánico”, señala el análisis.
El tercer escenario sería una transición democrática impulsada por presión internacional y fuerzas prodemocracia, con elecciones transparentes en 2027.
Según CETCAM, en este tercer escenario, “se avanza hacia una transición democrática como efectos de la presión internacional, Washington incluido, y la acción de las fuerzas prodemocracia, obligando al régimen a restituir libertades y derechos fundamentales; organizar elecciones transparentes y observadas en 2027, para dar paso a un proceso democrático de reconstrucción institucional y política”.
Para la oposición nicaragüense, el reto pasa por articular una ruta común, fortalecer legitimidad ciudadana y prepararse para una eventual negociación. El desenlace dependerá del equilibrio entre presión externa, cohesión interna del régimen y capacidad de articulación democrática.
“La presión internacional, especialmente de Estados Unidos, es un factor crítico para acelerar el momento de una transición democrática; en ese sentido, uno de los desafíos más importantes consiste en abrir espacios de interlocución y diálogo con actores internacionales clave, de manera que la oposición nicaragüense tenga un papel activo procurando las condiciones necesarias para el cambio”, concluye CETCAM.
