Expresidente hondureño no desiste en intento por reconstruir su capital político mientras enfrenta un nuevo proceso judicial

Mientras enfrenta un proceso por un sonado caso de corrupción, el expresidente Juan orlando Hernández retoma el discurso político, se presenta como víctima y busca proyectarse como defensor de los ciudadanos.

Juan Orlando Hernández volvió a tomarse el centro de la escena pública hondureña. Antes de ingresar a una audiencia por un caso de corrupción, el expresidente combinó defensa judicial, victimización y mensajes dirigidos a sus seguidores.

Su discurso de este martes en plaza pública, con micrófono en mano, con esos aires de sus buenos tiempos políticos que lo llevaron a gobernador el país de 2014 al 2022, muestran una estrategia que va más allá de su defensa legal. Una que todos conocen. Una en la que él es víctima de una persecución política y, pero al mismo tiempo se vende como alguien dispuesto a defender a trabajadores y ciudadanos. Algo así como enfundarse en el traje de un vengador o redentor social.

La audiencia fue suspendida y reprogramada para el 24 de agosto próximo.

De acusado a supuesto defensor del pueblo

Hernández aseguró que el caso Pandora II carece de pruebas sólidas. También pidió un sobreseimiento definitivo y sostuvo que la justicia debe prevalecer.

Sin embargo, durante la misma jornada amplió su discurso hacia asuntos políticos y sociales. Pidió a diputados y alcaldes revisar disposiciones que, según afirmó, afectan los derechos laborales.

Además, dijo comprender las dificultades económicas del Gobierno. Sin embargo, llamó a los funcionarios a atender las demandas de los trabajadores.

Ese mensaje coincide poco con su anuncio de mantenerse alejado de la política. Previo a regresar a Honduras, el 26 de julio, Hernández aseguró que no tenía ambiciones electorales.

Ahora, en cambio, vuelve a intervenir en asuntos públicos y busca proyectarse como una figura cercana a sectores sociales.

La victimización como herramienta política

Hernández también mantiene la narrativa de que enfrenta una persecución política. Su defensa sostiene que el proceso judicial carece de fundamentos y que las pruebas fiscales favorecen su posición.

Esa versión se suma al respaldo visible de simpatizantes durante sus apariciones públicas.

El contraste resulta evidente. Hernández intenta dejar atrás la imagen del expresidente condenado en Estados Unidos por narcotráfico y mostrar la de un dirigente reivindicado.

En diciembre de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump le concedió un indulto.  Desde su retorno al país, sus mensajes públicos han recuperado elementos propios de la actividad política.

Un capital político que busca sobrevivir

La estrategia también tiene una dimensión interna. Hernández evita presentarse como potencial candidato, pero conserva presencia dentro de una base política que todavía lo respalda.

Al mismo tiempo, sus mensajes no confrontan directamente al Gobierno de Nasry Asfura, presidente hondureño desde enero de 2026. Más bien, Hernández se coloca como una voz que comprende sus dificultades y exige atención a la población.

El riesgo para el Partido Nacional consiste en que su regreso reactive las controversias que marcaron su etapa de gobierno.

Mientras tanto, el caso Pandora II mantiene abierta una disputa judicial que puede afectar cualquier intento de rehabilitación política.

Así, Hernández enfrenta dos batallas simultáneas. Una ocurre en los tribunales y otra en el terreno de la opinión pública.

Por ahora, su discurso muestra que no pretende desaparecer de la escena hondureña. Su promesa de retiro político parece, al menos, estar en pausa.

 

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