La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo rindió esta semana un homenaje póstumo al reverendo Saturnino Cerrato, histórico líder de las Asambleas de Dios en Nicaragua, quien murió en el exilio en El Salvador después de que el propio régimen le negara el ingreso a su país y lo despojara de sus derechos políticos.
Cerrato falleció a los 75 años por complicaciones derivadas de la diabetes. Desde abril de 2023 permanecía fuera de Nicaragua luego de que la dictadura le prohibiera regresar tras un viaje al exterior.
En ese momento, la empresa de transporte El Sol le comunicó que no podía abordar el autobús con destino a Managua porque no contaba con autorización migratoria para ingresar al país.
El episodio marcó uno de los numerosos casos de destierro de opositores y figuras críticas al régimen.
El pastor también sufrió la cancelación de la personería jurídica del Partido de Restauración Democrática (PRD), organización que encabezaba y que el régimen ilegalizó en 2021 para impedir la participación de la oposición en las elecciones controladas por el oficialismo.
Un homenaje marcado por la contradicción
Pese a haberle negado el derecho a regresar a su patria, el régimen organizó un acto de homenaje en Managua difundido por medios oficialistas. En el evento colocaron una fotografía ampliada del pastor predicando ante una multitud y rodearon la imagen con flores blancas.
En las imágenes divulgadas por la propaganda estatal destaca la presencia de la ministra del Interior, María Amelia Coronel, la funcionaria que dirige la Dirección de Migración y Extranjería, institución responsable de impedir el ingreso de opositores y exiliados al país.
También asistieron la alcaldesa de Managua, Reyna Rueda; la ministra de la Familia, Erika Vanessa Espinoza; la ministra de Educación, Mendy Arauz; el ministro asesor Iván Lara; y la ministra del Trabajo, Johana Flores.
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Matan y van a la vela
En varios registros difundidos por los medios oficialistas, algunos asistentes aparecen revisando sus teléfonos móviles durante la ceremonia organizada por el pastor oficialista de apellido Rojas.
El gesto oficial ha provocado críticas entre sectores religiosos y políticos que recuerdan la contradicción de un régimen que primero expulsó al líder evangélico de su país, confiscó sus derechos políticos y luego pretende rendirle honores tras su muerte en el exilio.
Para muchos comentaristas en redes sociales, el episodio revive un viejo refrán popular en Nicaragua: “mata y va a la vela”, una expresión que describe la conducta de quien provoca un daño y luego pretende mostrarse como doliente
