Las recientes críticas de Estados Unidos contra la dictadura de Nicaragua han provocado reacciones poco habituales en el comportamiento público de la codictadora Rosario Murillo, caracterizado durante años por ataques verbales, descalificaciones y burlas dirigidas a Washington y a sus aliados internacionales.
En las últimas semanas, Murillo ha adoptado un tono más contenido y religioso en sus intervenciones. El otro dictador, su esposo, Daniel Ortega, cada vez tiene menos apariciones públicas.
Ha reducido, a la vez, su exposición pública y ha evitado responder de manera directa a los señalamientos internacionales, en contraste con su retórica habitual.
Observadores locales también señalan en los medios digitales de Nicaragua que la cruel gobernante ha procurado limitar las apariciones públicas del octogenario dictador Daniel Ortega en escenarios donde pudiera pronunciarse contra el mandatario estadounidense Donald Trump.
“Ventarrones y tempestades”
El cambio coincide con un incremento de la presión diplomática, incluyendo críticas recientes en foros internacionales y pronunciamientos de congresistas estadounidenses.
Entre ellos la representante republicana María Elvira Salazar, quien ha pedido reforzar sanciones contra la cúpula dictatorial nicaragüense y tildó a Murillo de ser “el mismo diablo”.
En un mensaje reciente, Murillo recurrió a un discurso religioso para admitir que el país atraviesa una etapa compleja, sin mencionar directamente a Estados Unidos ni a sus críticos.
“Que Dios Padre nos permita entender que siempre debemos ir con las velas al viento, para caminar, para navegar, para elevar las plegarias que detengan ventarrones y tempestades”, expresó en un tono más pausado de lo habitual.
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¿Con miedo?
Añadió que “los ventarrones, las tempestades, son parte de la Naturaleza cuando vienen del Clima; pero de otra forma, no cuentan con el favor de Dios”, en lo que analistas interpretan como una alusión indirecta a las tensiones políticas y diplomáticas.
En paralelo, organismos de derechos humanos han reportado la excarcelación de algunos presos políticos en las últimas semanas, un gesto que algunos analistas consideran táctico y orientado a reducir la presión internacional, más que a un cambio de política.
Especialistas señalan que este giro en el tono y la estrategia comunicacional podría reflejar la preocupación del régimen nicaragüense ante un escenario de mayor aislamiento y posibles nuevas medidas de presión externa.
