El dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, calificó como “basura taiwanesa” la cooperación brindada por Taiwán durante tres décadas, una declaración que provocó indignación entre economistas, diplomáticos y sectores vinculados a la cooperación internacional.
El comentario del tirano nicaragüense, acusado por organismos internacionales de crímenes de lesa humanidad tras la represión de 2018, se produjo al referirse a la ayuda recibida de Taipéi antes de que Managua rompiera relaciones diplomáticas.
El 10 de diciembre de 2021 Nicaragua rompió con la isla para alinearse con la República Popular China bajo el principio de “una sola China”.
La ruptura marcó el fin inmediato de todos los proyectos de cooperación taiwanesa y el retiro de su misión técnica y diplomática del país centroamericano.
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Tres décadas de cooperación
Las relaciones entre Nicaragua y Taiwán se consolidaron en 1990, durante el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, tras el fin del primer periodo sandinista (1979-1990), cuando Managua había establecido vínculos con Pekín en 1985.
Entre 2007 y 2021, ya bajo el retorno de Ortega al poder, Taiwán donó más de 200 millones de dólares en obras y fondos, además de otorgar créditos que superaron los 600 millones de dólares.
Solo en 2020, Taipéi aportó 27,9 millones de los 46,8 millones de dólares que Nicaragua recibió de donantes bilaterales.
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Asimismo, del total de 829,2 millones de dólares en préstamos al sector público nicaragüense ese año, 321,6 millones provinieron del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), entidad que canalizó recursos con respaldo taiwanés.
En materia comercial, el intercambio bilateral alcanzó en 2020 un récord de 166,3 millones de dólares, con un superávit ampliamente favorable para Nicaragua: 143,5 millones correspondieron a exportaciones nicaragüenses, frente a apenas 22,8 millones en importaciones desde la isla asiática.
Antes del tratado de libre comercio, en 2007, el comercio bilateral apenas sumaba 51,9 millones de dólares.
Proyectos y ayuda humanitaria
La cooperación incluyó 27 proyectos en áreas como producción de alimentos, frutales y cría de cerdos, con inversiones estimadas entre 30 y 50 millones de dólares, según datos oficiales divulgados en su momento.
Taiwán financió además programas de vivienda social, apoyo al Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) y asistencia tras huracanes como Eta e Iota.
También otorgó cientos de becas a jóvenes nicaragüenses y respaldó iniciativas en educación, cultura y desarrollo productivo a través de su Fondo de Desarrollo y Cooperación Internacional (ICDF).
En 2019 acordó un préstamo de 100 millones de dólares para la reconstrucción tras la crisis sociopolítica de 2018, aunque gran parte no se desembolsó por la posterior ruptura diplomática.
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Reacciones críticas
El economista independiente Enrique Sáenz afirmó que las declaraciones de Ortega “no solo desprecian a un cooperante histórico, sino que desconocen cifras verificables que fueron vitales para sostener las finanzas públicas en años de aislamiento”.
Sáenz recordó que, tras la violenta represión de las protestas de 2018 —que dejó más de 300 muertos según organismos de derechos humanos— numerosos países suspendieron su ayuda, mientras Taiwán mantuvo el respaldo financiero e incluso realizó aportes que beneficiaron a instituciones como la Policía Nacional, posteriormente sancionada por Estados Unidos y la Unión Europea.
Un editorial del diario La Prensa calificó las palabras del mandatario como “ingratitud política” y subrayó que la cooperación taiwanesa “sostuvo al régimen cuando otros gobiernos le cerraron las puertas por las masacres de 2018”.
Por su parte, un ex canciller nicaragüense —que pidió reserva de su nombre por seguridad— señaló que Taiwán “fue el único aliado que no se retiró tras el colapso de la imagen internacional de la dictadura en 2018” y agregó que el discurso oficial “busca justificar un giro geopolítico que prioriza intereses políticos sobre la memoria institucional”.
