Activistas nicaragüenses exiliadas mantienen viva la resistencia desde al menos cuatro países, según informe

Un estudio concluye que las jóvenes que participaron en las protestas de 2018 transformaron el exilio en una plataforma para reorganizar redes, documentar violaciones a los derechos humanos e impulsar nuevas formas de incidencia internacional.

El activismo no terminó en el exilio para muchas mujeres nicaraguenses.

Lejos de significar el fin de su participación política, el exilio se convirtió para muchas jóvenes nicaragüenses en un nuevo escenario de resistencia. Esa es una de las principales conclusiones del informe Hijas del quiebre, forjadas para resistir, elaborado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), que analiza la trayectoria de mujeres activistas surgidas tras la crisis sociopolítica de 2018.

La investigación se basa en 14 entrevistas realizadas a mujeres que participaron en las protestas de 2018 y que hoy continúan desarrollando actividades de incidencia desde distintos espacios sociales, políticos y profesionales. Las entrevistadas se encuentran exiliadas en Costa Rica, España, Estados Unidos y Noruega, desde donde mantienen redes de trabajo vinculadas con la situación de Nicaragua.

El informe sostiene que la salida forzada del país no significó una ruptura con el activismo, sino una reconfiguración de sus formas de organización.

Tras abandonar Nicaragua por la persecución política, muchas de estas jóvenes retomaron de inmediato su trabajo en organizaciones, fortalecieron redes internacionales y trasladaron buena parte de sus acciones al ámbito digital, aprovechando las posibilidades de coordinación que ofrece el trabajo transnacional.

Joven participa en una protesta durante la crisis sociopolítica de Nicaragua en 2018.

Según el estudio, el exilio también modificó las agendas de estas activistas. Mientras algunas enfocaron su labor en la defensa de los derechos de las mujeres migrantes y refugiadas, otras concentraron sus esfuerzos en la documentación de violaciones a los derechos humanos, la preservación de la memoria, la incidencia política internacional, el fortalecimiento institucional y la lucha contra la xenofobia que enfrentan los nicaragüenses fuera de su país.

La investigación identifica además una transformación en las herramientas de resistencia. La persecución obligó a muchas activistas a reducir su presencia pública, utilizar seudónimos, capacitarse en ciberseguridad y trasladar reuniones, campañas y procesos de formación a plataformas digitales.

De esa manera, el activismo evolucionó hacia un modelo híbrido que combina el trabajo territorial con una intensa presencia en redes y espacios virtuales, incluso desde el extranjero.

Manifestante con la bandera de Nicaragua durante una movilización vinculada a las protestas de 2018.

Para las autoras del informe, esta generación de mujeres —a la que denominan las “Muchachas del 18”— convirtió el exilio en un espacio de reconstrucción colectiva. Lejos de asumirlo como una derrota, desarrolló nuevas formas de organización, fortaleció alianzas internacionales y mantuvo vigentes las demandas por democracia, derechos humanos y libertades públicas en Nicaragua.

El documento concluye que estas jóvenes representan una nueva generación de liderazgo surgida tras la crisis de 2018, caracterizada por la adaptación constante frente a la represión, el uso estratégico de las tecnologías digitales y una visión del activismo que trasciende las fronteras nacionales.

Para ellas, sostiene el informe, la resistencia ya no depende únicamente de permanecer dentro de Nicaragua, sino también de mantener vivas las redes, la memoria y la incidencia desde cualquier lugar del mundo.

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