Honduras: El primer mes

Por Carolina Alduvin, académica hondureña

Nasry Asfura fue juramentado el 27 de enero como presidente de Honduras.

Casi desde el retorno a la democracia, se adoptó la costumbre –venida de a saber dónde— de dar cien días a un nuevo gobierno para sentar sus bases y; sólo entonces, comenzar las evaluaciones, críticas o elogios. El lapso, de por sí arbitrariamente determinado, resulta razonable cuando se trata de otro cambio de gobierno más; sin embargo, este no lo es.

Se trata de la asunción de un gobernante con menos del 1% de diferencia sobre su más próximo contrincante, fruto no tanto de su popularidad o carisma, sino de la disciplina y contundencia con la que todos sus partidarios defendieron y registraron sus votos; asunto que, descuidó el otro partido, cuyo candidato siempre dio por hecho ser el ganador absoluto e indubitable, sobre lo que siempre gravitará la duda. Una cosa es ganarlos, otra probarlo con actas.

Segundo, lejos de haber una transición –ya no digamos ordenada– no tuvimos ni voluntad de vacar por parte de los derrotados en las urnas, ni un gabinete en la sombra estructurado que se pudiera ir empapando de sus responsabilidades. Por el contrario, la ñangarada saliente se aferró como lapa a cada roca disponible, saben en su subconsciente que volver a las mieles del poder es cuesta arriba en pendiente casi perpendicular; por tanto, luego que fracasaron en impedir la declaratoria del Consejo Nacional Electoral, se afanaron en entorpecer su propia salida, levantando todo lo de valor que pudieron cargar en sus alforjas, destruyendo lo que no les cupo y dejando literalmente un estercolero a su paso; sin olvidar las arcas vacías y los autonombramientos de última hora.

Por su parte, el presidente en vez de presentar un gabinete sólido, lo ha ido armando a cuenta gotas, de manera errática –al menos es lo que percibe la ciudadanía— llegando hasta violar la Ley, afortunadamente tuvo a bien rectificar al menos de forma, de fondo no está tan claro. Cuenta con que, por más yerros que haya aquí y allá, la ciudadanía siempre recordará que podría ser peor que los libretas hubiesen consumado el fraude ya montado, pero superado por la voluntad y participación masiva de los votantes.

El descontento entre sus propios correligionarios es evidente y crece todos los días. Se entiende que hubo que negociar con el otro partido, para obtener los votos necesarios para también presidir el Legislativo, pero premiar a personajes que no han hecho más lanzar oprobios contra su persona, aunque sea con puestos de relevancia cero, en instituciones que ya no funcionan, denota disfunción en la personalidad.

Es bueno que se respete la independencia de poderes y entendemos que las confrontaciones son estériles en la mayoría de los casos, pero el estar evadiendo el juicio político contra el ilegal fiscal general y el consejero del Partido Libre (PLR) es totalmente injusto, inconveniente y va contra los intereses de toda la población. Tengamos en cuenta que el mayor incentivo para que los corruptos sigan delinquiendo es la impunidad, todo acto delictivo y de traición a la patria debe tener consecuencias y las responsabilidades deben ser deducidas.

Sabemos que es una atribución del Congreso y ahí no pueden alegar no contar con suficientes votos, ninguno de los diputados estaría ocupando sus curules y ninguno de los presidentes del Ejecutivo o del Legislativo tendría su actual investidura, si no hubiese habido voluntad y valentía por parte de las consejeras del CNE. Ambos tienen una deuda de honor con esas damas en particular y con la ciudadanía en general. Ambos traidores a la patria, al entorpecer el proceso electoral y perseguir a las funcionarias deben ser condenados, removidos de sus cargos y encarcelados.

No se trata de venganza política, se trata de justicia, de sentar precedentes para asegurarnos que tales excesos no se volverán a cometer. Hay señales que el PLR se está resquebrajando, pero está muy lejos de estar aniquilado; el mero hecho de tener más diputados de los que corresponden al 20% del voto popular, nos indica por lo menos alguna irregularidad. Condecorar a las damas honra, pero con lo que realmente deben satisfacerlas es con el juicio político a sus perseguidores.

No se laven las manos con una gran cruz placa de oro. Eso, lejos de prevenir futuros abusos, los va a incentivar. La tibieza con que se está tratando a los saqueadores de la anterior administración, la falta de procesos judiciales contra los malversadores en todos los niveles y en todos los sectores, no es magnanimidad señor presidente, es impunidad es falta de voluntad para poner orden, es la mayor provocación para que le falten al respeto. Si su administración no nos devuelve la institucionalidad perdida, los ñángaras amenazan con volver.

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