El comercio entre El Salvador y China dejó en 2025 una foto clara del desequilibrio. El país centroamericano importó $3.566,2 millones en productos chinos, la cifra más alta registrada hasta ahora, mientras que solo exportó alrededor de $50 millones al gigante asiático. El resultado es una brecha comercial cada vez más amplia.
Según datos del Banco Central de Reserva, las compras a China crecieron un 34,4% en comparación con 2024. Con ese aumento, el país asiático se consolidó como el segundo mayor proveedor de bienes de El Salvador, solo por detrás de Estados Unidos.
La situación es muy distinta del lado de las exportaciones. En 2025, las ventas de El Salvador a China cayeron un 5,3%, al pasar de $52,8 millones a $50 millones. China, además, no figura entre los 10 principales destinos de los productos salvadoreños, que siguen concentrados en mercados regionales y en Estados Unidos.
Esta diferencia entre lo que se compra y lo que se vende se traduce en un déficit comercial de más de $3.500 millones, uno de los más altos que mantiene El Salvador con un solo socio comercial. En comparación con 2024, el saldo negativo aumentó más de un 34%.
¿Qué le compra El Salvador a China?
El grueso de las importaciones desde China está concentrado en tecnología y productos electrónicos. Los teléfonos móviles encabezan la lista y, solo en noviembre de 2025, superaron los $20 millones en compras.
A los celulares se suman computadoras, tabletas, consolas de videojuegos y televisores inteligentes, además de maquinaria, equipos industriales, vehículos y partes automotrices. Se trata, en su mayoría, de productos manufacturados que El Salvador no produce a gran escala.
Este patrón de consumo refleja una fuerte dependencia de tecnología importada. El ingreso constante de productos chinos ha generado presión sobre el comercio local, especialmente en sectores vinculados a bienes tecnológicos y duraderos, donde la competencia con productos importados es difícil.
Lo poco que El Salvador vende
En sentido contrario, las exportaciones hacia China siguen siendo limitadas y poco diversificadas. Predominan productos agrícolas y materias primas, como café y azúcar, además de algunos bienes eléctricos de bajo valor agregado, sin volúmenes suficientes para equilibrar la balanza.
El actual vínculo comercial se explica en parte por una decisión política clave. El Salvador rompió relaciones con Taiwán en 2018 y estableció vínculos diplomáticos con China, lo que abrió la puerta a una mayor relación económica. Sin embargo, ese acercamiento coincidió con un fuerte aumento de importaciones, sin un crecimiento similar de las exportaciones.
Analistas advierten que, sin una estrategia para diversificar exportaciones y sumar valor agregado, El Salvador seguirá comprando cada vez más a China sin lograr equilibrar la balanza. En un contexto regional donde Centroamérica busca fortalecer su comercio exterior, el caso salvadoreño plantea un desafío claro: convertir la relación con China en algo más que una historia de compras.
