La sequía asociada al fenómeno de El Niño está afectando la producción agrícola, las fuentes de agua y la pesca en Nicaragua, con especial impacto en comunidades del llamado corredor seco al centro y norte del país.
Sin embargo, las autoridades del país destacan que la escasez regional también ha abierto oportunidades para exportar hortalizas a países vecinos.
El presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes, reconoció que la falta de lluvias ya afecta algunas zonas del Pacífico, el corredor seco y municipios del norte y centro del país.
Según datos del BCN, la agricultura cayó 2,4 % en el primer trimestre y 2,9 % en el segundo, mientras que el sector acumuló una contracción de 2,5 % durante el primer semestre de 2026.
Lea más: Centroamérica pasa de la sequía a lluvias y tormentas con alertas en varios países
El agua, el otro rostro de la sequía
El déficit de lluvias amenaza no solo las cosechas, sino también las fuentes utilizadas por las comunidades rurales para consumo humano y actividades agropecuarias.
Un boletín agrometeorológico elaborado por el Ministerio Agropecuario, el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales y el Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria mantiene la previsión de déficit de precipitaciones en el Pacífico y parte de las regiones norte y central.
El corredor seco comprende 44 municipios de 11 departamentos, según un estudio del Programa Mundial de Alimentos de 2024.
Sus habitantes dependen principalmente de la producción de maíz, frijol y sorgo para autoconsumo y para vender los excedentes.
La pérdida de esas cosechas puede traducirse en menor disponibilidad de alimentos y mayores dificultades para acceder al agua y alimentar al ganado, especialmente entre los pequeños productores.

Exportaciones frente a pérdidas rurales
Reyes admitió que la sequía provoca daños, pero destacó que la escasez de alimentos en otros países centroamericanos ha permitido aumentar las exportaciones nicaragüenses de tomate, chiltoma y repollo.
El funcionario también reconoció efectos sobre la generación hidroeléctrica por el descenso de los embalses y sobre la pesca, afectada por el calentamiento de las aguas y la reducción de las capturas.
Dirigentes del sector productivo consultados sostienen que los mayores daños recaen sobre los productores de subsistencia.
Uno de ellos, que pidió anonimato por temor a represalias, afirmó que agricultores que sembraron durante el primer ciclo perdieron sus cosechas y que las lluvias recientes no garantizan la siguiente temporada.

Un problema difícil de denunciar
A diferencia de El Salvador, Guatemala y Honduras, donde las autoridades han activado alertas y mecanismos públicos de seguimiento, en Nicaragua la información oficial tiende a destacar los efectos económicos favorables de la coyuntura.
La situación ocurre además en un país donde denunciar públicamente problemas sociales puede exponer a ciudadanos, productores y organizaciones a represalias.
Ese temor limita la información independiente sobre comunidades sin agua, pérdidas agrícolas o muerte de ganado.
La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) considera al corredor seco centroamericano una zona altamente vulnerable a eventos climáticos extremos.
Para sus pequeños productores, la pérdida de una cosecha no representa solo un indicador económico: puede significar menos alimentos, menos ingresos y mayor inseguridad para sus familias.







