El Gobierno de Nicaragua ha entregado al menos 74 concesiones mineras a empresas chinas en los últimos cinco años, una cifra que genera cuestionamientos sobre el alcance de la relación entre la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo y el creciente peso de China en sectores estratégicos del país.
La más reciente concesión fue otorgada a la empresa Tutuwaka Mining Company S.A., para operar un lote de 157,25 hectáreas en el municipio de El Rama, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur, según información oficial publicada en La Gaceta.
Con este nuevo permiso, se consolida una tendencia iniciada en 2021, en la que al menos 17 empresas chinas han recibido autorización para explotar recursos minerales en distintas zonas del país, muchas de ellas consideradas de alto valor ambiental y social.
De acuerdo con la ONG Fundación del Río, estas concesiones abarcan más de 1 millón de hectáreas e incluyen territorios protegidos, así como áreas habitadas por comunidades indígenas y afrodescendientes, lo que ha generado preocupación por posibles impactos ambientales y conflictos territoriales.
La organización también advierte que varias de las empresas chinas que operan en Nicaragua no cuentan con antecedentes comprobables en la industria minera, carecen de información pública verificable y no han presentado estudios técnicos o financieros claros sobre sus proyectos.
Además, el interés de estas compañías no se limita a minerales tradicionales como oro y plata, sino que se extiende a recursos considerados estratégicos a nivel global, como el cobre, cobalto, níquel y uranio, claves para industrias tecnológicas y energéticas.
En paralelo, expertos y organizaciones señalan que el régimen nicaragüense ha impulsado cambios en el marco legal para facilitar estas inversiones, incluyendo mecanismos que permitirían esquivar sanciones internacionales y mantener la actividad minera en alianza con capital chino.
En este contexto, crecen las dudas sobre si estas concesiones responden a una estrategia de desarrollo sostenible o si reflejan una mayor dependencia de Nicaragua hacia China, en un escenario donde el régimen fortalece sus vínculos políticos y económicos con Pekín.
