La sequía en Guatemala comienza a sentirse más allá de las zonas agrícolas. La menor producción amenaza con presionar los precios de los alimentos y la falta de lluvias aumenta la preocupación por el abastecimiento de agua.
La magnitud del déficit ya alcanza niveles extremos. Una estación del Insivumeh cercana al aeropuerto La Aurora registró en julio una caída del 85% de las lluvias, según datos citados por el Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC).
El problema comienza a trasladarse a las ciudades. En Ciudad de Guatemala, el 65% del abastecimiento de agua depende de fuentes subterráneas, cuyos niveles vienen descendiendo, según Empagua.
La capital ya enfrenta un déficit estructural. Necesita unos 7.000 litros de agua por segundo, pero produce alrededor de 4.500, una brecha que podría agravarse durante una temporada seca prolongada.
La sequía también amenaza el bolsillo. Las pérdidas de cultivos reducen la disponibilidad de productos básicos y pueden presionar los precios en los mercados, afectando especialmente a las familias urbanas de menores ingresos.
En el país, 138 municipios reportan daños asociados a la sequía y la variabilidad climática. Además, la SESAN proyectó que 3,2 millones de personas, el 17% de la población, enfrentarían niveles de Crisis o Emergencia de inseguridad alimentaria.
El Gobierno declaró alerta anaranjada nacional y elevó a roja la alerta en las zonas más afectadas. Las autoridades buscan acelerar la entrega de alimentos y establecer precios de referencia ante el riesgo de aumentos injustificados.
