Los meses de septiembre, octubre y noviembre serán decisivos para determinar si los principales embalses de la vía interoceánica alcanzan niveles suficientes para atender el consumo humano y sostener los tránsitos proyectados durante el próximo verano.
Noviembre representa la mayor oportunidad, debido a que históricamente es el mes más lluvioso en la cuenca canalera. Octubre, en cambio, genera preocupación porque sus registros se han mantenido generalmente por debajo del promedio durante las últimas tres décadas.
A la fecha, el lago Gatún se ubicaba en 84,06 pies, frente a un máximo operativo de referencia de 87,50. Alhajuela marcaba 239,02 pies, casi 11 pies por debajo de su nivel superior de 250.
El comportamiento hídrico de 2026 se acerca al de otros años críticos. Los aportes hacia Alhajuela rondaban los 58 metros cúbicos por segundo, frente a 50 en 1997, 61 en 2015 y 57 durante la sequía de 2023.
La Autoridad del Canal de Panamá considera posible completar el almacenamiento de Alhajuela, aunque reconoce que llenar Gatún será mucho más difícil. Este último lago resulta fundamental para el funcionamiento de las esclusas y el abastecimiento de agua potable.
Los pronósticos advierten que El Niño podría alcanzar una intensidad considerable y adelantar el comienzo del verano a la segunda mitad de noviembre. La estación seca podría prolongarse hasta mayo, con efectos sobre la agricultura, la generación eléctrica y la salud pública.
Ante la falta de lluvias, el Canal comenzó a reducir su capacidad de 36 a 34 tránsitos diarios y posteriormente a 32. También mantiene medidas de ahorro como la reutilización de agua y el llenado cruzado de las esclusas, según la Autoridad del Canal de Panamá.
La situación revive las alertas de 2023 y 2024, cuando la sequía obligó a limitar la circulación a 22 buques diarios, provocando demoras y mayores costos logísticos. El desafío también afecta a más de la mitad de la población de Panamá, abastecida por plantas potabilizadoras conectadas a ambos lagos.
