Costa Rica ha decidido posicionarse en una de las industrias más estratégicas del siglo XXI: los semiconductores. La “Hoja de Ruta para el fortalecimiento del Ecosistema de semiconductores en Costa Rica”, lanzada en 2024, marca un giro hacia una política industrial más activa, con el objetivo de atraer inversión, generar empleo y consolidar su competitividad en la cadena global de valor.
Este documento no solo establece una visión país, sino que propone acciones concretas basadas en cuatro pilares con metas a corto, mediano y largo plazo. La apuesta es ambiciosa: pasar de ser un actor periférico a convertirse en un nodo relevante en América Latina en un mercado dominado por potencias tecnológicas.
En este escenario, la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) ha identificado a Taiwán como un socio clave. No es una elección casual: la isla concentra cerca del 60 % de la producción mundial de chips y el 90 % de los más avanzados, lo que la convierte en el epicentro de esta industria.
“El 60% o aproximadamente 60% de los chips y microchips a nivel mundial son elaborados ahí y el 90% de los chips de alta gama, los más sofisticados, son elaborados en Taiwán”, explicó el ministro de Comercio Exterior, Manuel Tovar ante el legislativo costarricense a mediados del año pasado.
Actualmente, Costa Rica cuenta con experiencia en la cadena de valor —principalmente en ensamblaje, pruebas y diseño— y genera cerca de 5,000 empleos directos en el sector. Sin embargo, el desafío radica en escalar hacia actividades de mayor valor agregado, en un contexto donde la competencia global es intensa.
La estrategia ha incluido misiones comerciales, participación en eventos como SEMICON Taiwan y acercamientos con al menos ocho empresas del sector. Estas acciones buscan insertar a Costa Rica en cadenas globales mediante inversión extranjera, transferencia tecnológica y generación de empleo.
No obstante, esta política ha generado tensiones diplomáticas debido a la relación formal de Costa Rica con China, bajo el principio de “una sola China”. Los viajes de Procomer a Taiwán han sido cuestionados tanto a nivel interno -por diputados y medios cercanos a China- como por la embajada china.
El canciller Arnoldo André defendió estas acciones al señalar que se ajustan al marco del memorándum de entendimiento de 2007, que permite relaciones económicas no oficiales. Por su parte, Tovar adoptó una postura más firme frente a las críticas.
“Procomer irá las veces necesarias, le guste a quien le guste, y a quien no le guste, pues lo lamento. Mi deber es generar opciones de empleo para los costarricenses”, sostuvo el ministro.
Más allá del debate político, el fondo del asunto es geoeconómico. La industria de semiconductores atraviesa una reorganización global impulsada por tensiones entre Estados Unidos y China, así como por la necesidad de cadenas de suministro más resilientes.
En este contexto, países como Costa Rica encuentran una ventana de oportunidad para integrarse como destinos confiables. Sin embargo, esto implica tomar decisiones estratégicas sobre socios, riesgos y posicionamiento internacional.
La relación con Taiwán, aunque no formal en el plano diplomático, se configura como un vínculo pragmático basado en intereses económicos. El país asiático no solo aporta tecnología, sino también experiencia en gobernanza industrial y cadenas de suministro confiables.
El sector de semiconductores en Costa Rica está conformado por al menos 13 empresas multinacionales que operan en el país. En 2024, las exportaciones de circuitos integrados alcanzaron los $2.12 mil millones, posicionando al país como el exportador número 18 a nivel mundial, siendo Malasia, Chequia y Estados Unidos sus principales destinos.
Aun así, Costa Rica enfrenta limitaciones estructurales. Su rol sigue concentrado en etapas intermedias de la producción, y avanzar hacia la fabricación avanzada requerirá inversión en talento, infraestructura y políticas de largo plazo.
El éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad del país para equilibrar apertura económica con seguridad tecnológica, diversificar socios sin comprometer su política exterior y consolidar un ecosistema competitivo.
En definitiva, la apuesta por los semiconductores refleja una transición hacia una lógica geoeconómica donde el desarrollo ya no depende únicamente de ventajas comparativas, sino de la capacidad de insertarse en redes globales de alto valor, en un entorno cada vez más condicionado por la política internacional.
