Guatemala cerró julio con el mayor déficit de lluvias de la temporada 2026, una situación que profundizó la sequía en gran parte del territorio y encendió las alertas por sus efectos sobre la agricultura y los recursos hídricos. En cinco departamentos, la reducción de precipitaciones alcanzó el 75 %, mientras que en algunos puntos llegó hasta el 85 %, según análisis de Agua Consulta basados en datos del Insivumeh.
Las zonas más afectadas fueron Chiquimula, Jutiapa, Santa Rosa, Escuintla y Suchitepéquez. A nivel nacional, el déficit promedio de lluvias fue del 35 % y julio acumuló hasta 18 días sin precipitaciones en buena parte del país, una situación que agravó los efectos de una temporada lluviosa que ya había comenzado con retraso.
El impacto ya se refleja en el mapa de sequía. De acuerdo con los análisis meteorológicos, el 61.31 % del territorio guatemalteco presenta sequía moderada, mientras que otro 11.96% registra sequía severa y pequeñas áreas ya alcanzan niveles de sequía extrema. Especialistas advierten que la disminución de las lluvias comenzó desde junio y se intensificó durante la canícula.

Desalentadores pronósticos
Los pronósticos tampoco son alentadores. Expertos atribuyen estas condiciones al fortalecimiento del fenómeno de El Niño, que podría extenderse hasta mediados de 2027. Se espera que agosto y septiembre mantengan lluvias por debajo de lo normal y que, aunque octubre registre un repunte de precipitaciones, también aumente el riesgo de inundaciones, crecidas repentinas de ríos y deslizamientos en zonas vulnerables.
La escasez de agua ya comienza a afectar los principales ríos, lagos y embalses del país. Los caudales han disminuido en varias cuencas de las vertientes del Pacífico y del Golfo de México, lo que podría limitar el riego agrícola, reducir la generación hidroeléctrica y aumentar la vulnerabilidad de los bosques ante los incendios forestales durante la próxima estación seca.
El sector agrícola figura entre los más golpeados. El Ministerio de Agricultura advirtió que la primera cosecha de maíz y frijol está comprometida debido al retraso de las lluvias, las precipitaciones insuficientes, una canícula prolongada y la influencia de El Niño. Los agricultores de subsistencia aparecen como los más afectados, mientras que quienes cuentan con sistemas de riego tienen mayores posibilidades de salvar sus cultivos.







