Guatemala aparece entre las ciudades de América donde el cambio climático ya está provocando pérdidas de sueño debido al aumento de las temperaturas nocturnas, según un estudio de Climate Central.
El informe identifica al país junto con localidades de México, Colombia y Venezuela como parte de las zonas donde el calor está reduciendo las horas de descanso, un fenómeno que comienza a convertirse en un desafío para la salud pública de la región.
Aunque el estudio analiza distintas ciudades latinoamericanas, Guatemala refleja una realidad que también alcanza al resto de Centroamérica, donde las noches cada vez más cálidas dificultan el descanso. En varias zonas de la región las temperaturas nocturnas superan los 21 °C, una condición que impide que el organismo reduzca su temperatura y logre un sueño reparador.
El estudio estima que algunas ciudades de América Latina han perdido hasta 93 horas de sueño al año entre 2020 y 2025 por el incremento de las temperaturas nocturnas. Los investigadores advierten que la pérdida de sueño relacionada con el calor al menos se ha duplicado desde la década de 1970 y que la tendencia seguirá agravándose con el cambio climático.

La importancia de dormir bien
El psiquiatra salvadoreño Carlos Acevedo, presidente de la Asociación de Psiquiatras Salvadoreños por la Salud Mental (APSAM), explicó que el sueño es un proceso biológico esencial para la recuperación física y mental. La falta de descanso deteriora la memoria, la concentración y la regulación emocional, además de elevar el cortisol y alterar neurotransmisores como la serotonina y la dopamina.
La privación de sueño también incrementa el riesgo de ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares, diabetes y debilitamiento del sistema inmunológico. Los especialistas advierten que los adultos mayores, niños, embarazadas y personas con enfermedades crónicas son los grupos más expuestos a sufrir complicaciones durante las olas de calor nocturno.
En Centroamérica, el problema se agrava por las dificultades para acceder a aire acondicionado o viviendas con condiciones adecuadas para disipar el calor.
Para los expertos, mejorar la higiene del sueño ayuda a reducir el impacto, pero advierten que la adaptación al cambio climático y la reducción de las desigualdades serán determinantes para evitar que la pérdida de descanso siga convirtiéndose en un problema creciente de salud pública.







