La sequía afecta a los 7 países de Centroamérica, aunque con distinta intensidad. El déficit de lluvias golpea cultivos, agua potable, energía y actividades económicas.
El impacto más fuerte se concentra en el Corredor Seco, que atraviesa Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Allí, la falta de lluvia amenaza la producción de maíz y frijol.
La franja más seca
La sequía y las altas temperaturas reducen los rendimientos agrícolas en zonas donde miles de familias dependen de cultivos de subsistencia.
Además, ríos, pozos y embalses registran niveles bajos. Esto ha obligado a aplicar racionamientos de agua potable en municipios vulnerables.
Honduras figura entre los países más afectados. El déficit de lluvia supera el 50 % en algunas zonas y alcanza aproximadamente a un millón de personas.
En Guatemala, el oriente enfrenta pérdidas en cultivos básicos. El Salvador registra menor disponibilidad de agua en cuencas vinculadas al río Lempa.
Nicaragua enfrenta problemas en acuíferos, pastizales y producción agrícola. Costa Rica concentra el impacto en Guanacaste y sectores del Pacífico.
Panamá en emergencia
El gobierno de José Raúl Mulino declaró este martes el estado de emergencia nacional, como consecuencia de la sequía provocada por El Niño.
La medida, de acuerdo al informe oficial, busca adoptar acciones preventivas de mitigación y de respuesta inmediata para “fortalecer la capacidad operativa de las instituciones públicas, salvaguardar la seguridad en caso de emergencias y brindar atención oportuna a los ciudadanos y sus bienes”.
La falta de agua también afecta infraestructura estratégica. En Panamá, el descenso de los lagos Gatún y Alajuela redujo la disponibilidad hídrica.
La situación impactó las operaciones del Canal de Panamá. Las autoridades aplicaron restricciones al tránsito de buques durante los periodos de mayor escasez.
Además, la menor disponibilidad de agua afecta la generación hidroeléctrica en distintos puntos de la región.
Esto puede elevar los costos energéticos al aumentar la necesidad de utilizar plantas térmicas.
Los gobiernos aplican medidas de emergencia
Los países han respondido con programas de asistencia agrícola, distribución de alimentos y medidas para garantizar el suministro de agua.
Honduras mantiene alertas en municipios afectados y entrega apoyo a productores. Guatemala distribuye insumos agrícolas y asistencia alimentaria.
El Salvador aplica medidas para facilitar la importación de granos e insumos. Nicaragua impulsa almacenamiento de agua y semillas resistentes a periodos secos. Desde este martes, el país se encuentra en alerta roja climatológica.
Por su parte, Costa Rica distribuye forraje y habilita fuentes de agua para el ganado. Panamá combina apoyo al sector agropecuario con inversiones para reforzar sus reservas hídricas.
La falta de lluvia también aumenta la presión social
La pérdida de cultivos reduce los ingresos de familias rurales y puede incrementar el desplazamiento hacia ciudades u otros países.
Además, una menor producción agrícola puede elevar la necesidad de importar alimentos y presionar los precios de productos básicos.
La crisis también plantea riesgos para la energía, el comercio y el abastecimiento de agua. Por ello, sus efectos trascienden al sector agrícola y alcanzan actividades estratégicas de toda Centroamérica.
Pérdidas millonarias en sectores clave
El impacto económico de la sequía también alcanza a la agricultura, la energía y el comercio regional.
En el Corredor Seco, las pérdidas agrícolas superarían los $450 millones. Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua concentran estos daños.
Además, la producción de maíz y frijol habría caído más de 40% frente a lo previsto para el ciclo agrícola.
La menor disponibilidad de agua también afecta al Canal de Panamá. Las restricciones al tránsito marítimo habrían reducido entre $200 y $300 millones con sus ingresos por peajes.
A la vez, el menor nivel de los embalses redujo la generación hidroeléctrica regional. La caída supera el 25 %, según las estimaciones proporcionadas.
Como resultado, los países recurren más a plantas térmicas. Esto eleva los costos de generación y presiona el precio de la electricidad.
Menor producción eleva el costo de los alimentos
La reducción de la producción agrícola también aumenta la necesidad de importar alimentos.
Los países centroamericanos han recurrido a compras de contingencia para cubrir parte del consumo interno. Esta situación habría elevado entre 6 % y 14 % el costo de la canasta básica regional.
El impacto golpea especialmente a los hogares que dependen de la agricultura de subsistencia.
Además, la pérdida de ingresos rurales puede aumentar la presión sobre las familias y favorecer el desplazamiento hacia otras zonas.
Autoridades advierten sobre una crisis que trasciende al campo
En Panamá, el ministro de Asuntos del Canal, José Ramón Icaza Clement, señaló que garantizar el agua para el comercio y el consumo humano representa uno de los principales retos.
Por su parte, Luis Treminio, presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Productores Agrícolas de El Salvador, advirtió sobre el déficit de producción nacional y la necesidad de acelerar importaciones. Según estimaciones, el 20 % de las cosechas se han perdido.
En Guatemala, la ministra de Agricultura, Ganadería y Alimentación, María Fernanda Rivera, describió el impacto hídrico como un problema que afecta a la economía rural.
Asimismo, el representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, vinculó los periodos secos con menores ingresos agrícolas, presión sobre los alimentos y migración rural.
