La celebración del Día de las Madres en Nicaragua transcurre este año bajo un escenario marcado por la vigilancia policial, las liberaciones masivas de presos comunes y el recuerdo de una de las jornadas más sangrientas de la crisis sociopolítica que vive el país desde 2018.
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo anunció que 2,000 reclusos con sentencia firme abandonarán las cárceles este 30 de mayo para cumplir el resto de sus condenas bajo el denominado régimen de convivencia familiar
Con esta medida, el número de presos comunes excarcelados durante 2026 alcanzará los 4,400, según cifras oficiales del Ministerio del Interior.
Calles inseguras
Las autoridades presentan estas liberaciones como una política de reunificación familiar en fechas consideradas especiales.
Sin embargo, organizaciones feministas y sectores de derechos humanos han advertido durante años sobre las consecuencias de estas medidas, señalando que parte de los beneficiados reinciden en delitos violentos que afectan especialmente a mujeres y familias vulnerables.
Los datos oficiales indican que más de 53,000 presos comunes fueron liberados bajo este mecanismo durante la última década. Solo en 2025 salieron 9,900 reos, la cifra más alta en ese período.
La dictadura ha respondido desplegando a 10,000 policías en todo el país, lo cual aumenta la sospecha y sensación de labores de espionaje y represión en Nicaragua.
Celebraciones oficiales y control político
La co dictadora Rosario Murillo informó que el Estado organizó unas 40,000 actividades recreativas, culturales y deportivas en todo el país para celebrar a las madres nicaragüenses.
La vocera también destacó que el régimen dictatorial adelantó el pago salarial a los trabajadores estatales para facilitar los festejos familiares, pero antes les dedujo un porcentaje salarial para aportes al partido de la dictadura, el Frente Sandinista.
Sin embargo, empleados públicos consultados por medios independientes y organizaciones opositoras han denunciado en años recientes que este tipo de celebraciones suelen ir acompañadas de convocatorias partidarias obligatorias, vigilancia de estructuras políticas territoriales y presiones para participar en actividades promovidas por el Frente Sandinista.
En distintos municipios, además, continúan operando redes de vigilancia vecinal integradas por funcionarios locales, activistas sandinistas y estructuras comunitarias que monitorean la actividad de ciudadanos considerados críticos del régimen.
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Una fecha marcada por la tragedia
La celebración del Día de las Madres posee un significado especialmente doloroso desde 2018.
El 30 de mayo de aquel año, miles de nicaragüenses participaron en la denominada “Madre de Todas las Marchas”, convocada para solidarizarse con las madres de los jóvenes asesinados durante las protestas antigubernamentales iniciadas en abril.
La manifestación terminó en una masacre que aun hoy, ocho años después, sigue causando dolor. Un editorial del diario La Prensa en su portal web rememora esa fecha dantesca y lo titula “El dolor inextinguble de las madres de abril”.
Organismos nacionales e internacionales documentaron que efectivos policiales y grupos paramilitares dispararon contra los manifestantes en Managua, Estelí, Masaya y Chinandega.
Los ataques dejaron al menos 19 personas muertas y decenas de heridos, elevando entonces a más de un centenar el número de fallecidos durante la represión.
Ocho años después, ninguna persona pagó judicialmente por aquellos hechos.
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Del homenaje familiar a una fecha de tensión
El Día de las Madres fue instaurado oficialmente en Nicaragua en 1940 mediante el Decreto Legislativo 69, que fijó la celebración cada 30 de mayo. Décadas después, en 1976, la fecha se fijó al último domingo de mayo.
No obstante, la tradición popular mantuvo vivo el simbolismo del 30 de mayo, que continúa siendo la fecha de referencia para millones de nicaragüenses.
Este año, mientras la dictadura impulsa festivales, conciertos y actos oficiales, el país llega a la conmemoración en medio de preocupaciones por la inseguridad ciudadana, denuncias de control político y el persistente reclamo de justicia por las víctimas de la masacre de 2018.
Para muchas familias, el Día de las Madres sigue siendo una jornada de celebración.
Para otras, especialmente las que perdieron hijos durante la represión estatal, continúa siendo una fecha de duelo, memoria y exigencia de verdad en un país donde las heridas de aquella crisis permanecen abiertas.
