Gobierno de Bukele ajusta narrativa por tala de árboles en proyecto financiado por China en El Salvador

La tala de árboles en la Finca El Espino obligó al gobierno salvadoreño a reforzar su defensa pública del nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones, financiado por China. Mientras el Ejecutivo impulsa jornadas de reforestación y asegura que conservará áreas verdes, crece el rechazo ciudadano y ambientalista contra el proyecto.

Zona deforestada en El Espino, en el área metropolitana de San Salvador, donde China financia la construcción de un centro de ferias. El área es considerada un importante pulmón de la ciudad.

La construcción del nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) en la Finca El Espino abrió uno de los debates ambientales más fuertes de los últimos años en El Salvador. El proyecto, financiado con una donación de China, llevó al gobierno de Nayib Bukele a acelerar mensajes públicos y jornadas de arborización tras la difusión de imágenes de tala de árboles en la zona.

La controversia creció desde el miércoles, cuando usuarios en redes sociales compartieron fotografías y videos de deforestación visible en sectores cercanos al terreno destinado para la nueva obra estatal. Después de esas publicaciones, distintas instituciones oficiales intensificaron comunicados y actividades para defender el proyecto. 

El nuevo recinto ferial reemplazará al antiguo CIFCO de San Salvador, convertido en hospital durante la pandemia de COVID-19 y aún utilizado para atención médica. La nueva sede se construirá en la Finca El Espino, en Antiguo Cuscatlán, dentro del área metropolitana salvadoreña.

La Asamblea Legislativa aprobó en 2025 la transferencia de 55,711 metros cuadrados para el desarrollo. El gobierno sostiene que la zona fue declarada urbanizable desde 1993.

Reforestación y comunicados tras difusión de imágenes

En las últimas horas, el Ministerio de Obras Públicas y funcionarios del Ejecutivo reforzaron su estrategia de comunicación. El ministro Romeo Herrera aseguró que el proyecto ocupará solo el 30 % del terreno y que el 70 % restante permanecerá como área verde.

Además, la embajada de China en El Salvador publicó un comunicado en la misma línea. La representación diplomática afirmó que la mayor parte del espacio se conservará para vegetación y áreas ambientales.

Sin embargo, el proyecto es impopular y, se entiende, que está provocando más ruidos de los que el popuar Bukele esperaba (la más reciente encuesta le da una aceptación de 93 %).

En paralelo, el gobierno organizó jornadas públicas de siembra de árboles en el Parque Bicentenario. Las actividades son difundidas en redes sociales con mensajes sobre protección ambiental y arborización.

El mensaje, claro está, resulta contracorriente: mientras siembran árboles con ayuda de ciudadanos, en el ecoparque Bicentenario, la maquinaria china ha tumbado cientos de frondosos ejemplares en la zona de este gran pulmón.

Las acciones aparecieron después del aumento de críticas ciudadanas por la tala observada en sectores cercanos al proyecto. También surgieron cuestionamientos sobre la rapidez con la que el Ejecutivo reaccionó ante el impacto visual de la deforestación.

Ambientalistas advierten efectos sobre agua y biodiversidad

Organizaciones ambientales y colectivos ciudadanos mantienen el rechazo a la construcción del nuevo CIFCO en la Finca El Espino. Los grupos consideran que el área funciona como uno de los principales pulmones verdes y zonas de recarga hídrica del Gran San Salvador.

Los opositores advierten posibles efectos sobre la biodiversidad local. Entre las especies mencionadas están el torogoz, ardillas y más de 100 tipos de aves y mariposas.

También alertan sobre riesgos de aumento de temperatura, inundaciones urbanas y presión sobre el abastecimiento de agua en una ciudad que ya enfrenta expansión inmobiliaria constante.

Otra de las críticas apunta a la falta de estudios ambientales públicos y procesos amplios de consulta ciudadana antes de iniciar las obras.

Un movimiento ciudadano que supera divisiones políticas

La resistencia al proyecto reunió a sectores diversos. En las protestas participan jóvenes, ambientalistas, universidades, iglesias, creadores de contenido digital y ciudadanos independientes.

El movimiento “Todos Somos El Espino” y la campaña “Salvemos El Espino” impulsaron marchas, caminatas, bicicletadas y concentraciones públicas durante los últimos meses.

Además, los organizadores aseguran haber recolectado cientos de miles de firmas contra la construcción del complejo en esa ubicación. Algunas estimaciones recientes superan las 324,000 adhesiones y mantienen la meta de alcanzar un millón.

Varias organizaciones también solicitaron audiencias ante la Asamblea Legislativa para discutir alternativas de reubicación. Sin embargo, los grupos denunciaron que algunas peticiones fueron rechazadas.

Encuestas reflejan amplio rechazo al proyecto

El debate ambiental también empezó a impactar en la opinión pública. Una encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, realizada entre diciembre de 2025 y enero de 2026, mostró un rechazo mayoritario al proyecto.

Según el estudio, 68.8 % de los salvadoreños está en desacuerdo con construir el nuevo CIFCO en la Finca El Espino. Solo 23.7 % respalda la iniciativa.

Los resultados colocan la obra entre las decisiones gubernamentales con mayor desaprobación en mediciones recientes, pese a los altos niveles de popularidad que mantiene el presidente Nayib Bukele en otras áreas.

Mientras tanto, el Ejecutivo insiste en que la construcción avanzará con medidas de mitigación ambiental. Sin embargo, colectivos ciudadanos mantienen la presión denunciando el “ecocidio”.

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