El Salvador y Nicaragua figuran entre los países donde las tasas de suicidio en jóvenes ya superan a las de la población adulta, según un estudio regional sobre salud mental juvenil en entornos digitales.
El informe advierte que la problemática ha escalado hasta convertirse en una de las principales amenazas para el bienestar de las nuevas generaciones en Centroamérica y el resto de Iberoamérica.
El estudio, titulado “Entre la vulnerabilidad y la oportunidad: salud mental juvenil en entornos digitales”, fue elaborado con apoyo de los organismos internacionales como La Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ), con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID); y analiza la situación en toda Iberoamérica, incluyendo países centroamericanos.
Uno de los datos más alarmantes es que el suicidio ya es la tercera causa de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años en la región, con tasas superiores a seis muertes por cada 100.000 habitantes.
Además, en varios países, entre ellos El Salvador y Nicaragua, las cifras muestran que los jóvenes de entre 15 y 29 años registran tasas más altas que los adultos, lo que evidencia un impacto desproporcionado en este grupo etario.
En términos generales, la crisis es amplia: cerca de 16 millones de adolescentes en Latinoamérica viven con algún trastorno mental, mientras que la ansiedad y la depresión representan casi el 50% de los diagnósticos. A lo largo de la vida, se estima que un 35% de la población ha experimentado ansiedad y un 25% depresión.
Las causas
Las causas son múltiples y estructurales. El informe señala que factores como la pobreza, la desigualdad, la falta de acceso a educación y empleo, y la violencia social generan un entorno de alta presión psicológica para los jóvenes.
A esto se suma la debilidad de los sistemas de salud: en promedio, los países de Latinoamérica destinan menos del 3% de su gasto sanitario a salud mental, con recursos concentrados en hospitales psiquiátricos y poca atención preventiva.
Otro factor clave es el impacto de la digitalización. La región presenta uno de los niveles más altos de uso de redes sociales en el mundo, con más de tres horas y media diarias en promedio.
Según el estudio, uno de cada cinco jóvenes presenta trastornos mentales vinculados al uso intensivo de plataformas digitales, mientras que más del 60 % experimenta lo que se denomina “ansiedad digital”.
El ciberacoso
El fenómeno incluye exposición constante a comparación social, presión por la imagen, ciberacoso y alteraciones del sueño, factores que se asocian con mayores niveles de depresión, ansiedad e incluso conductas suicidas.
En paralelo, la pandemia de COVID-19 agravó el escenario: el 72% de los jóvenes afirma que su salud mental se deterioró durante ese período, con síntomas como estrés, angustia y aislamiento.
El informe advierte que esta combinación de factores ha generado lo que organismos internacionales ya califican como una “pandemia silenciosa”, con impactos no solo sanitarios, sino también sociales y económicos.
La falta de políticas integradas —que conecten salud, educación y entorno digital— sigue siendo uno de los principales desafíos en países como El Salvador y Nicaragua.
Frente a este panorama, el documento llama a fortalecer la inversión pública, mejorar el acceso a servicios de salud mental y desarrollar estrategias específicas para jóvenes en entornos digitales, con enfoque de derechos y prevención.
La advertencia es clara: sin una respuesta estructural, la crisis de salud mental juvenil en Centroamérica podría profundizarse en los próximos años, con consecuencias directas en el desarrollo social y el futuro de la región.
