El Salvador enfrenta una ola de calor sin precedentes en plena transición entre la época seca y lluviosa, con temperaturas que han superado los 41.9 °C, según expertos y autoridades. Este escenario ocurre en la antesala del fenómeno del Niño, lo que podría intensificar los efectos climáticos en los próximos meses y generar impactos en la salud, la producción agrícola y el medio ambiente.
El país centroamericano atraviesa una fase crítica de calor extremo entre abril y mayo, un periodo habitual de transición climática que en 2026 ha mostrado valores atípicos, especialmente en zonas como La Libertad y San Vicente, donde se han registrado temperaturas superiores a los 40 °C.
La meteoróloga Sandra Yanira Martínez advirtió que esta situación responde a una combinación de factores, como la radiación solar intensa, la presencia de nubes aisladas y lluvias puntuales, lo que genera una sensación térmica más elevada y condiciones inestables en el territorio.
De acuerdo con datos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), los registros han alcanzado hasta 41,9 °C, cifras consideradas récord para el país. Incluso zonas montañosas del norte, tradicionalmente más frescas, han reportado temperaturas cercanas a los 40 °C, reflejando una anomalía térmica significativa.
Los riesgos
Las altas temperaturas también elevan los riesgos para la población, especialmente por la radiación ultravioleta extrema, la posibilidad de golpes de calor y el aumento de incendios forestales. Autoridades recomiendan hidratación constante, uso de ropa ligera y evitar la exposición prolongada al sol.
📌#ElObservatorioInforma | Jueves caluroso, con temperaturas máximas de hasta 40 °C y probabilidad de algunas lluvias. 🌡⛅☔️
Conoce los detalles con nuestro meteorólogo Jonathan Hernández. ⬇️ pic.twitter.com/Q1lKi2j8Nk
— Ministerio de Medio Ambiente (@MedioAmbienteSV) April 16, 2026
En paralelo, expertos advierten que el fenómeno del Niño podría consolidarse entre junio y agosto, con una probabilidad del 61 % según proyecciones internacionales. Este evento climático suele intensificar el calor y reducir las lluvias, lo que podría derivar en sequías prolongadas.
La posible intensificación de la canícula —el periodo seco de julio y agosto— genera preocupación en el sector agrícola, ya que podría afectar cultivos, pesca y generación de energía. Además, se mantiene vigilancia sobre la temporada de huracanes, que podría ser más activa en el Pacífico bajo la influencia de este fenómeno.
En este contexto, las autoridades han reforzado medidas como la prohibición de quemas agrícolas y el monitoreo constante de las condiciones climáticas, mientras instan a la población a seguir las recomendaciones oficiales ante un escenario que podría agravarse en los próximos meses.
