El quetzal encuentra en Costa Rica un santuario, revela reportaje de National Geographic

El ave sagrada de mayas y aztecas sobrevive en los bosques nubosos de Costa Rica, donde se convirtió en uno de los mayores atractivos para observadores de aves.

Un quetzal en un bosque costarricense. Foto costarica.org

El quetzal, considerado una de las aves más emblemáticas de América Central y venerado por las civilizaciones maya y azteca, continúa sorprendiendo a científicos y turistas en los bosques nubosos de Costa Rica por el intenso brillo de sus plumas y su larga cola serpentiforme.

Un reportaje de National Geographic relata la experiencia de observación del ave en San Gerardo de Dota, un valle montañoso ubicado a unas dos horas al sureste de San José, donde existe una importante población de quetzales protegidas gracias a la conservación forestal y la abundancia de aguacates silvestres, su alimento favorito.

“Hay un tocado de rey azteca, el último de su tipo, en la colección del Weltmuseum Wien de Viena, elaborado con casi 400 plumas de cola de esmeralda iridiscente del ave quetzal”, destaca el artículo al referirse a un antiguo tocado atribuido a un rey azteca y elaborado con plumas de quetzal, considerada una pieza histórica valorada en aproximadamente $50 millones.

El guía turístico Carlos Serrano Navarro explicó que las culturas prehispánicas consideraban sagrada a esta ave y prohibían su caza. “Estaba prohibido matar esta ave porque creían que era una representación de uno de sus dioses: Kukulkán”, afirmó el costarricense, quien lleva una década rastreando quetzales en los bosques de altura.

Según el relato, los mayas y aztecas recolectaban las plumas que el ave dejaba caer de manera natural y luego las utilizaban como objetos de intercambio por alimentos, ropa o incluso oro. El plumaje verde iridiscente y la larga cola del quetzal hicieron que fuera asociado con la serpiente emplumada Kukulkán.

El quetzal es además el ave nacional de Guatemala.

San Gerardo de Dota es actualmente uno de los destinos más reconocidos para el avistamiento de aves en Costa Rica. Serrano aseguró que solo en esa zona podrían existir alrededor de 100 parejas de quetzales distribuidas a lo largo de unos nueve kilómetros de carretera y zonas boscosas cercanas.

El reportaje también describe la biodiversidad del área, donde es posible observar coyotes, tapires, colibríes volcánicos, tucanes esmeralda y otras especies que habitan el ecosistema montañoso de la región.

“Sus plumas son como prismas”, explicó Serrano al describir el efecto óptico de las plumas del quetzal. Según indicó, las capas de queratina y melanina refractan la luz y permiten que las plumas cambien de tonalidad entre verde, azul y dorado dependiendo de la posición del sol.

 

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