Centroamérica se encamina hacia una temporada climática de alto riesgo entre mayo y julio de 2026, con pronósticos de calor extremo, déficit de lluvias y hasta 30 tormentas tropicales entre el Atlántico y el Pacífico, en medio de una posible transición hacia el fenómeno de El Niño.
Las nuevas perspectivas climáticas regionales, divulgadas por el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y el Comité Regional de Recursos Hidráulicos (CRRH), advierten impactos directos en agricultura, agua potable, energía, salud y seguridad alimentaria, especialmente en el Corredor Seco centroamericano, una de las zonas más vulnerables al estrés hídrico y las sequías prolongadas.
Para la temporada 2026, los modelos climáticos prevén 13 tormentas tropicales en el Atlántico, de las cuales 6 podrían convertirse en huracanes y al menos 2 alcanzar categoría mayor. En el Pacífico, el panorama también preocupa: se estiman 17 tormentas tropicales, 9 posibles huracanes y hasta 3 huracanes mayores.
A esto se suma una alta probabilidad de transición hacia condiciones de El Niño entre junio y julio, un fenómeno que históricamente ha provocado sequías severas, pérdidas agrícolas y olas de calor en varios países de Centroamérica.
Los pronósticos indican además temperaturas entre 0,5 °C y 1 °C por encima del promedio regional durante julio y agosto, aumentando el riesgo de estrés térmico, incendios forestales y presión sobre los sistemas de agua y energía.
En varias zonas de la región se esperan lluvias por debajo de lo normal o con tendencia deficitaria, junto a una canícula más intensa y prolongada, especialmente en territorios del Pacífico centroamericano y el Corredor Seco.
Las alteraciones climáticas podrían afectar los calendarios agrícolas y reducir la producción de cultivos de subsistencia, elevando el riesgo de inseguridad alimentaria en comunidades vulnerables de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua.
El escenario también genera preocupación por posibles impactos en la generación hidroeléctrica debido a la disminución progresiva de caudales en distintas cuencas de la región, lo que podría aumentar la presión sobre los sistemas energéticos durante el segundo semestre del año.
En el área de salud, especialistas prevén un incremento de enfermedades asociadas a las altas temperaturas, deshidratación y golpes de calor, especialmente en zonas urbanas y costeras donde las olas de calor podrían intensificarse.
Ante este panorama, organismos regionales y autoridades meteorológicas han insistido en reforzar los sistemas de alerta temprana, la coordinación entre países y las medidas de prevención para enfrentar una temporada climática que podría golpear simultáneamente a varios sectores clave de Centroamérica.
