La caída de la natalidad y el envejecimiento de la población comienzan a perfilarse como uno de los principales desafíos para el crecimiento económico de América Latina y Centroamérica. Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que la expansión de la población en edad de trabajar se está desacelerando en la región, lo que reducirá uno de los motores que durante décadas impulsó la economía.
Durante décadas, el crecimiento económico de América Latina estuvo sostenido en gran parte por el aumento de la población en edad de trabajar. Más personas ingresaban al mercado laboral cada año, impulsando el consumo, la producción y la actividad económica en la región.
Sin embargo, ese impulso demográfico comienza a debilitarse. Según el informe del BID, la proporción de personas entre 15 y 64 años, considerada la base de la fuerza laboral, está creciendo cada vez más lentamente, debido a la reducción de la natalidad y al aumento de la esperanza de vida.
Fundamental para el crecimiento económicos
El documento señala que este cambio demográfico representa un punto de inflexión para la economía regional. Durante décadas, el aumento del número de trabajadores fue uno de los principales motores del crecimiento.
De hecho, el BID estima que entre 1960 y 2019 la economía de América Latina creció en promedio 1,8% anual, y gran parte de esa expansión estuvo vinculada al aumento del número de trabajadores disponibles en la economía.
En contraste, las mejoras en productividades, decir, producir más con los mismos recursos, tuvieron una contribución muy baja al crecimiento regional, lo que evidencia una fuerte dependencia del factor demográfico.
El informe también advierte que la población en edad laboral ya no crece al mismo ritmo que en décadas anteriores. La transición demográfica, caracterizada por menos nacimientos y mayor esperanza de vida, está reduciendo progresivamente la expansión natural de la fuerza laboral.
Este fenómeno se observa en gran parte del mundo, pero tiene implicaciones especialmente relevantes para América Latina. A medida que disminuyen las tasas de natalidad, el número de jóvenes que ingresan al mercado laboral cada año comienza a reducirse.
Al mismo tiempo, aumenta la proporción de personas mayores. Esto implica que los países deberán destinar más recursos a pensiones, salud y servicios sociales, lo que podría presionar las finanzas públicas.
Impacto gradual en Centroamérica
En Centroamérica, el impacto será gradual, pero significativo. Países como Guatemala, Honduras y Nicaragua aún tienen poblaciones relativamente jóvenes, pero las tendencias demográficas apuntan a una desaceleración del crecimiento de la fuerza laboral en las próximas décadas.
Ante este escenario, el BID señala que ampliar la participación laboral será clave para sostener el crecimiento económico. En particular, el informe destaca que aumentar la participación de las mujeres en el mercado laboral podría ayudar a compensar parcialmente la desaceleración demográfica.
El documento también subraya que la transformación tecnológica y la digitalización del empleo obligarán a invertir más en educación y capacitación. Las economías necesitarán trabajadores con nuevas habilidades para adaptarse a un mercado laboral en constante cambio.
En este contexto, América Latina y Centroamérica enfrentan un desafío estructural: adaptarse a una nueva era demográfica en la que el crecimiento económico dependerá menos del aumento de la población y más de la innovación, la educación y el desarrollo del capital humano.
