Centroamérica activa más de 190 mapas climáticos para frenar pérdidas agrícolas en zonas vulnerables

La herramienta permite anticipar riesgos y ajustar la producción en Guatemala, El Salvador y Honduras, donde sequías y lluvias irregulares afectan la seguridad alimentaria.

La herramienta fue desarrollada con apoyo técnico de FAO y el Gobierno de Brasil.

Centroamérica comenzó a aplicar más de 190 mapas de riesgo climático para reducir pérdidas agrícolas en zonas vulnerables del Corredor Seco, una región marcada por sequías recurrentes y alta variabilidad en las lluvias.

La herramienta fue desarrollada con apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Gobierno de Brasil, y se implementa en Guatemala, El Salvador y Honduras como parte de una estrategia para mejorar la toma de decisiones en el campo.

Durante tres años de ejecución, el proyecto articuló a más de 20 instituciones públicas y técnicas en la región, en un esfuerzo por integrar información climática, de suelos y cultivos en la planificación agrícola.

Los mapas permiten definir ventanas de siembra con menor riesgo climático, especialmente para granos básicos como maíz, frijol y sorgo, cultivos clave para la seguridad alimentaria de millones de familias en la región.

Los mapas permiten definir ventanas de siembra con menor riesgo climático como el maíz.

Capacitaciones clave

Como parte de la implementación, más de 130 técnicos fueron capacitados y se desarrollaron 120 parcelas piloto en 30 municipios de los tres países, donde productores ajustaron sus prácticas agrícolas.

Los resultados muestran mejoras en la sobrevivencia y desarrollo de los cultivos, así como una reducción de pérdidas en comparación con siembras realizadas fuera de los períodos recomendados.

Además, el proyecto vinculó a 13 instituciones financieras y aseguradoras para explorar el uso de esta información en esquemas de financiamiento agrícola, en un contexto donde el riesgo climático sigue limitando la inversión rural.

La herramienta ya comienza a incorporarse en la planificación de los ministerios de Agricultura de la región, en medio de crecientes presiones sobre la producción de alimentos y la resiliencia de las comunidades rurales frente al cambio climático.

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