Los fuertes terremotos registrados recientemente en Colombia y Venezuela han reavivado la preocupación por la actividad sísmica en el continente y han puesto nuevamente la atención sobre Centroamérica, una región atravesada por complejos sistemas de placas tectónicas y con un largo historial de eventos destructivos.
Guatemala, Honduras y El Salvador, los tres países que integran el Triángulo Norte, están expuestos a la dinámica del llamado Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico, una enorme franja en forma de herradura que se extiende unos 40,000 kilómetros alrededor del océano Pacífico y conecta desde América hasta Asia y Oceanía.
La intensa actividad se explica por la interacción entre numerosas placas tectónicas. En esta región convergen estructuras como las placas del Pacífico, Nazca, Cocos, Caribe y Norteamericana, que chocan, se desplazan y, en algunos puntos, una se introduce debajo de otra mediante un proceso conocido como subducción. Esa dinámica libera enormes cantidades de energía y también favorece la formación de magma.
El Salvador ofrece uno de los ejemplos más claros de esa exposición. La placa de Cocos se introduce debajo de la placa del Caribe a una velocidad aproximada de siete centímetros por año.
Ciclos sísmicos
Además, registros de terremotos como los de 1951, 1965, 1986 y 2001 llevan a especialistas a situar entre 15 y 20 años el intervalo aproximado de fuentes sísmicas internas destructivas en la zona central del país, aunque esto no constituye una predicción de cuándo ocurrirá un nuevo terremoto.
En Honduras, las autoridades también han reforzado los llamados a la prevención ante su exposición sísmica. El Cuerpo de Bomberos señala que la región del Pacífico presenta actualmente la mayor afectación y advierte que sectores del sur y las zonas bajas podrían percibir con mayor fuerza determinados movimientos, mientras instituciones de emergencia coordinan protocolos de respuesta.
El peligro tampoco se limita a los terremotos. El Cinturón de Fuego alberga 687 volcanes con actividad registrada durante el Holoceno, cerca del 57 % de los volcanes activos del planeta, y aproximadamente el 68 % de las erupciones confirmadas desde 1960 se produjo en esta enorme franja tectónica. La misma subducción responsable de numerosos sismos favorece el ascenso del magma hacia la superficie.
Sin embargo, los especialistas advierten que los terremotos recientes en otros países no significan que un gran sismo sea inminente en el Triángulo Norte. La ciencia todavía no puede predecir con exactitud el día, la hora y el lugar de un terremoto, y los movimientos registrados en distintos puntos del continente pueden responder a sistemas tectónicos diferentes.
Ante ese escenario, el monitoreo, las construcciones resistentes y los protocolos de emergencia siguen siendo las principales herramientas para reducir el impacto de futuros desastres.
