La futura relación entre Costa Rica y China bajo el gobierno de la presidenta electa Laura Fernández se perfila como un vínculo formalmente estable, pero políticamente prudente y posiblemente distante, en un contexto regional marcado por la competencia estratégica entre Pekín y Washington.
En sus primeras declaraciones sobre política exterior, Fernández ha insistido en que su administración mantendrá relaciones diplomáticas con todos los países “en beneficio del pueblo de Costa Rica” y respetando la tradición de neutralidad del país.
Sin embargo, el énfasis de sus mensajes es claramente mayor cuando se refiere a Estados Unidos que cuando aborda la relación con China, lo que analistas como Carlos Murillo, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Costa Rica, interpretan como una señal de prioridades.
¿EE.UU. primero?
La mandataria electa ha subrayado que Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales del país, un aliado clave en la lucha contra el narcotráfico y un socio estratégico en materia de seguridad.
Como un síntoma de la cercanía de la relación, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio fue uno de los primeros en enviar un mensaje de felicitación pocas horas después de que el Tribunal Supremo de Elecciones confirmara la tendencia irreversible de los resultados.
En ese comunicado, Washington expresó su expectativa de colaborar con el futuro gobierno costarricense en áreas como seguridad, lucha contra el narcotráfico, ciberseguridad y fortalecimiento de los lazos económicos.
En cambio, el presidente de China, Xi Jinping, felicitó a Laura Fernández por su elección como presidenta de Costa Rica, una semana después de los comicios.
En un mensaje divulgado por la agencia estatal Xinhua, Xi expresó su interés en “fomentar un crecimiento estable de las relaciones” entre ambos países.
Además destacó que, desde el establecimiento de vínculos diplomáticos hace 18 años, las relaciones bilaterales han registrado avances rápidos y resultados “fructíferos” en distintos ámbitos de cooperación.
“Ese énfasis coincide con el tono del saludo enviado por el secretario de Estado estadounidense pocas horas después de confirmarse su victoria electoral, en contraste con el mensaje de felicitación del presidente chino Xi Jinping, que llegó días después”, observa Murillo.
Este contraste temporal, aunque habitual en la diplomacia internacional, lo interpretan algunos observadores como un reflejo del menor peso político que podría tener China en la agenda inmediata del nuevo gobierno.
Continuidad con la línea de Chaves
Otro elemento que permite anticipar el rumbo de la relación con Pekín es el carácter continuista del próximo gobierno.
Fernández se presentó como la candidata de la continuidad de la administración de Rodrigo Chaves, cuyo manejo de la relación con China se caracterizó por una actitud cautelosa, distante e incluso restrictiva en algunos ámbitos estratégicos, según el analista.
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Durante el actual gobierno, Costa Rica excluyó a empresas chinas de la licitación para el desarrollo de la red 5G, una decisión que fue interpretada como un alineamiento con estándares de seguridad promovidos por Estados Unidos.
Además, el envío de funcionarios costarricenses a capacitarse en Taiwán en áreas tecnológicas y hasta de inteligencia fue leído por sectores diplomáticos como un gesto político sensible en la relación con Pekín.
Si Fernández mantiene esa misma línea, es probable que la relación con China continúe centrada en el comercio, la cooperación cultural y proyectos puntuales, pero con limitaciones en sectores considerados estratégicos, como telecomunicaciones, infraestructura crítica o seguridad tecnológica.
Pragmatismo económico y cautela política
Pese a estas señales, es poco probable que el vínculo bilateral se deteriore de forma significativa.
China sigue siendo un socio comercial importante y un actor relevante en la economía regional, por lo que un distanciamiento abierto no parece compatible con la política exterior pragmática que Fernández ha prometido.
Más bien, el escenario más probable es el de una relación funcional pero sin grandes iniciativas políticas o proyectos emblemáticos en el corto plazo.
La prioridad del nuevo gobierno, según ha declarado la propia presidenta electa, estará en la seguridad, la lucha contra el crimen organizado y la estabilidad económica, áreas en las que la cooperación con Estados Unidos aparece como más inmediata.
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Una diplomacia de equilibrio
El reto para la próxima administración será mantener el equilibrio entre las dos grandes potencias en un momento en que la rivalidad geopolítica se intensifica en América Latina, dice Murillo.
Costa Rica, tradicionalmente pragmática en su política exterior, deberá evitar quedar atrapada en tensiones que trascienden sus propios intereses.
Por ahora, las primeras señales apuntan a una política exterior que buscará mantener los canales abiertos con China, pero sin otorgarle un protagonismo central.
Ello va en línea con la estrategia del gobierno saliente y con la creciente importancia de la cooperación con Washington en materia de seguridad y tecnología.
El verdadero alcance de esa relación, sin embargo, dependerá no solo de las decisiones de San José, sino también de cómo evolucione el pulso global entre las dos potencias y del margen de maniobra que Costa Rica logre preservar en ese escenario.
