La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ocurrida el 3 de enero de 2026 mediante una operación militar estadounidense, ha generado un terremoto político internacional. Más allá de sus efectos inmediatos en Venezuela, el impacto de esta acción se siente con fuerza en Nicaragua, cuyo régimen ha sido históricamente aliado del chavismo, según el análisis “El efecto Venezuela en Nicaragua”, publicado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM).
El tanque de pensamiento señala que con Donald Trump y Marco Rubio liderando la transición en Venezuela desde Washington —centrada en tres fases: estabilización, reconciliación y normalización—, la atención se dirige ahora al posible “efecto dominó” en la región, con Nicaragua como el siguiente eslabón débil en la cadena.
CETCAM señala que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha respondido con prudencia, condenando la intervención estadounidense sin mencionar directamente a Trump. En paralelo, excarcelaron a una veintena de presos políticos, una maniobra que ha sido interpretada como un intento de apaciguar tensiones.
El análisis señala que este gesto se da en un contexto complejo para el régimen:
Una crisis sucesoria en marcha tras el deterioro de salud de Ortega.
Purgas internas que han dejado más de 150 sandinistas presos.
El aumento de sanciones económicas por parte de EE.UU., incluyendo aranceles del 18 %, con posibilidad de elevarse al 33 % si no hay reformas democráticas.
Una economía golpeada por despidos masivos y cierre de empresas en zonas francas.
La fragilidad de la estructura de poder se hace evidente, y se multiplican los rumores de negociaciones discretas entre Managua y Washington.
Nicaragua como siguiente objetivo de Trump
CETCAM recuerda que desde la captura de Maduro, Estados Unidos ha intensificado sus mensajes hacia Nicaragua. En la acusación formal contra Maduro en Nueva York, se menciona el rol del régimen nicaragüense en la ruta del narcotráfico, lo cual refuerza la narrativa de que Nicaragua representa una amenaza regional.
En este marco, el reciente nombramiento de Denis Moncada como encargado de negocios en Washington sugiere una posible apertura al diálogo por parte del régimen Ortega-Murillo, que se ve obligado a elegir entre dos caminos: radicalizarse en su antiyanquismo retórico, o iniciar una transición pactada que preserve sus intereses vitales.
Pero el análisis advierte que a diferencia de Venezuela, la oposición nicaragüense carece de liderazgo unificado dentro del país. Con sus principales figuras en el exilio y sin una estrategia consensuada, corre el riesgo de ser marginada del eventual proceso de transición, como ha ocurrido en Caracas.
Mientras tanto, crece la expectativa popular de un cambio, especialmente ante la evidencia de que Rusia, China e Irán —aliados del régimen— no han reaccionado con fuerza ante la caída de Maduro. Esto envía un mensaje claro a Managua: si no intervinieron por Venezuela, tampoco lo harán por Nicaragua.
Para el CETCAM, la captura de Nicolás Maduro ha dejado claro que Estados Unidos está dispuesto a tomar acciones directas para forzar transiciones en regímenes autoritarios de América Latina. El régimen Ortega-Murillo, sin el mismo peso geopolítico de Venezuela, pero con una alta exposición internacional, se enfrenta a un escenario incierto.
En 2026, año preelectoral en Nicaragua, los sectores del sandinismo con intereses económicos y políticos podrían buscar una salida negociada, incluso sin Rosario Murillo como figura central. De no hacerlo, la presión externa podría acelerar su caída, señala CETCAM.
