EE UU presiona y debilita la influencia china en América Latina

La disputa geopolítica entre Washington y Pekín se intensifica con foco en petróleo, puertos y financiamiento en la región.

Si la rivalidad entre Estados Unidos y China se narrara como un thriller geopolítico, América Latina sería el escenario decisivo. Desde enero de 2025, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Washington ha intensificado una estrategia de contención que, sin desmontar completamente la presencia china, ha logrado debilitar algunos de sus pilares estructurales en la región.

El punto de inflexión ha sido Venezuela. La ofensiva política, económica y militar impulsada por Washington contra el gobierno de Nicolás Maduro ha tenido un efecto directo sobre Pekín: limitar su acceso a petróleo barato, uno de los principales incentivos de su relación con Caracas durante la última década.

“Estados Unidos no solo actuó contra Maduro, sino contra la arquitectura energética que sostenía la proyección china en Sudamérica”, explicó a Centroamérica360 el politólogo nicaragüense Félix Maradiaga, profesor de política exterior en Estados Unidos.

Durante años, China consolidó su presencia en América Latina a través de un modelo basado en recursos estratégicos. Venezuela, Brasil y Ecuador aportaron energía; Chile y Perú, minerales clave; y Argentina y Brasil, alimentos. Esta red permitió a Pekín asegurar suministros y diversificar riesgos frente a tensiones con Occidente.

Sin embargo, la intervención estadounidense en Venezuela alteró ese equilibrio. Según el analista nicaragüense Alfredo Gutiérrez, “la operación en Venezuela fue el mensaje más fuerte de Trump a Rusia y China: demostró capacidad militar y desarticuló parcialmente un eje energético que funcionaba con petróleo entregado a precios políticos, no de mercado”.

A ello se suma una dimensión simbólica: Washington evidenció que los sistemas de defensa adquiridos por Caracas a Moscú y Pekín no fueron suficientes para disuadir su accionar. Esto, según Gutiérrez, “debilita la credibilidad estratégica de China como socio en materia de seguridad”.

La influencia de Trump

El investigador estadounidense Evan Ellis, profesor del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos, advierte que las políticas de Donald Trump han influido en esta percepción. “Las acciones de Estados Unidos han hecho que algunos países vean a China con mayor preocupación”, indica.

No obstante, esa presión también introduce complejidades. Los gobiernos de la región enfrentan decisiones cada vez más difíciles en un entorno de competencia entre potencias.

“El conocimiento de los riesgos (de hacer contractos con China) se está expandiendo”, afirma Ellis, quien destaca que los países ahora comprenden mejor los mecanismos de presión, las condiciones contractuales y las implicaciones estratégicas de sus acuerdos con China.

Sin embargo, advierte que ese reconocimiento llega en un momento en que la presencia china ya está consolidada después de muchos años de descuido de Estados Unidos, antes de Trump. “No es tan fácil decir no”, resume.

Para Ellis, América Latina se encamina hacia una etapa de mayor realismo, donde ni el entusiasmo inicial con China ni una alineación automática con Estados Unidos ofrecen respuestas completas.

En ese equilibrio incierto, concluye, se definirá el futuro de la disputa geopolítica en el hemisferio.

Puertos en disputa

Otro frente clave ha sido el control de infraestructuras logísticas. El Canal de Panamá, históricamente bajo influencia estadounidense, volvió al centro de la disputa. Bajo presión diplomática y económica, empresas chinas han perdido margen de maniobra en la gestión portuaria vinculada al canal.

En paralelo, el megaproyecto portuario de Chancay, en Perú —considerado una pieza clave de la Iniciativa de la Franja y la Ruta— enfrenta crecientes tensiones. Maradiaga advierte que Washington ha elevado el costo de operar en esa infraestructura: “Funcionarios estadounidenses han dejado claro que productos chinos que utilicen Chancay podrían enfrentar aranceles, lo que convierte una inversión estratégica en un activo bajo riesgo político”, señala el politólogo.

Estas medidas reflejan un patrón más amplio: no se trata solo de bloquear proyectos, sino de introducir incertidumbre regulatoria que reduzca la rentabilidad de la expansión china.

Endeudamiento y presión financiera en aumento

China ha otorgado más de $120,000 millones de dólares en préstamos a América Latina desde 2005. Venezuela concentra cerca de $60,000 millones de esa deuda.

Sin embargo, el flujo financiero ha cambiado. Desde 2021, la región paga más a China de lo que recibe en nuevos créditos.

Para 2025, los países latinoamericanos enfrentan pagos cercanos a $22,000 millones de dólares. Este escenario ha elevado las alertas sobre sostenibilidad de deuda.

Analistas señalan que este modelo incrementa la dependencia financiera. Además, puede limitar la capacidad de decisión económica de los Estados.

Sudamérica en litigio

El efecto combinado de estas presiones ha generado fricciones en varios países sudamericanos.

En Argentina, el gobierno de Javier Milei ha reorientado su política exterior hacia Washington, enfriando la relación con Pekín. En Bolivia, proyectos vinculados al litio enfrentan revisiones políticas y técnicas. Y en Perú, el puerto de Chancay se ha convertido en un símbolo de la disputa global.

El analista español Xulio Ríos, especialista en política internacional, sostiene que la estrategia de Trump busca “marginar la influencia china en Latinoamérica sin necesidad de confrontación directa”, utilizando herramientas comerciales, diplomáticas y regulatorias.

A pesar de ello, China mantiene una posición relevante. En 2024, el comercio bilateral con América Latina superó los $518,000 millones, consolidando a Pekín como segundo socio comercial de la región.

Sin embargo, como señala Maradiaga, “el volumen de inversión directa china sigue siendo relativamente bajo —entre el 1% y el 3% del total— frente al 33 % de origen estadounidense y el 2 2% europeo”.

Equilibrio inestable

A pesar de los avances de Washington, la influencia china no ha desaparecido. Sus vínculos comerciales siguen siendo profundos y su capacidad financiera continúa siendo atractiva para gobiernos con poco acceso a crédito internacional.

La economista Alicia García-Herrero,economista española y analista de inversiones de Asia en Europa, subraya que “las ambiciones de China son globales y América Latina forma parte de esa estrategia a largo plazo”. Pekín ha comenzado a ajustar su enfoque, priorizando proyectos de mayor valor añadido y cooperación tecnológica.

El escenario, sin embargo, apunta a una creciente polarización, según García-Herrero. América Latina se enfrenta a una disyuntiva compleja: beneficiarse de la competencia entre potencias o quedar atrapada en una nueva lógica de bloques.

 

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