Dictadura de Nicaragua reitera lealtad a Rusia y China mientras Centroamérica enfría vínculos con Pekín

Régimen sandinista emite dos comunicaciones en un mismo día a favor de los intereses geopolíticos de China y Rusia

Dictadura de Nicaragua

Dictadores de Nicaragua, Rosario Murillo y Daniel Ortega.

La dictadura de Nicaragua volvió a exhibir una diplomacia abiertamente alineada con los intereses geopolíticos de Rusia y China, en un momento en que Centroamérica muestra señales de repliegue frente a la influencia china y de mayor cautela ante los bloques autoritarios.

En sendas comunicaciones oficiales fechadas el 29 de diciembre, Managua expresó “solidaridad y respaldo” al presidente ruso Vladimir Putin por un supuesto ataque con drones atribuido a Ucrania contra una residencia oficial.

Una vez mása, la dictadura reiteró su adhesión “firme” al principio de “una sola China”, respaldando explícitamente las acciones militares de Pekín alrededor de Taiwán.

“Indignación” cuando Ucrania se defiende

Murillo calificó el presunto ataque contra Putin como obra del “fascismo” y elogió los “esfuerzos” del Kremlin por “la paz”, una narrativa que contrasta con el consenso internacional que señala a Moscú como responsable de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022 y de la prolongación del conflicto.

La declaración de los tiranos sandinistas omitió cualquier referencia a los bombardeos rusos contra ciudades ucranianas y al impacto humanitario de la guerra.

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En paralelo, la dictadura nicaragüense también condenó la venta de armas de Estados Unidos a Taiwán y avaló los ejercicios militares del Ejército chino cerca de la isla, calificándolos de “medida punitiva y disuasoria”.

El mensaje reafirma la ruptura con Taipéi consumada por Managua en 2021 y consolida su alineamiento con Pekín en foros internacionales.

Murillo “ardida” por debilitamiento chino

Estas posiciones se producen cuando la región centroamericana atraviesa un reacomodo frente a China.

En Honduras, el presidente electo, Nasry Asfura, ha anunciado públicamente una revisión del acuerdo con China, citando preocupaciones económicas y de soberanía, lo que debilita la presencia de Pekín en el istmo y rompe la inercia de los últimos años.

Otros países como Costa Rica, El Salvador y Panamá, aunque sin anunciar rupturas formales, han elevado el tono de cautela ante compromisos estratégicos con actores extrahemisféricos.

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Sandinistas entre parias

La coincidencia temporal de ambos mensajes —Rusia y China— refuerza la lectura de una política exterior ideologizada, más orientada a la confrontación con Washington y a la retórica de soberanía que a la construcción de consensos regionales.

Mientras Centroamérica recalibra sus relaciones con China, Nicaragua se desmarca y redobla su apuesta por dos potencias cuestionadas por su conducta internacional.

En un contexto de crecientes tensiones globales, la postura de Managua vuelve a colocarla en contracorriente regional y la distancia aún más de una diplomacia pragmática, justo cuando el istmo busca estabilidad, inversiones y previsibilidad.

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