¿Valió la pena?

Por Carolina Alduvin, académica hondureña

En los 70s la TV mexicana pasaba el programa “Ensalada de Locos”; entre sus sketches había algunos con “Maritza y Andrea”, actuados por dos comediantes disfrazados como mujeres. Por cierta similitud, mis compañeros del colegio apodaron así a un par de docentes de Química; ambas damas dejaban entrever cierta amargura, una por un mal matrimonio, la otra por no haber logrado ni eso. Quienes no dominaban o no gustaban de tal asignatura, con frecuencia eran aconsejados por los de último año con un truco para mejorar las notas, aprovechando la discordia entre la divorciada y su ex. Había que pedir revisión a uno y mencionar que el ex cónyuge lo había aplazado, para recibir una evaluación menos rigurosa y rescatar unos puntos para aprobar.

El recuerdo saltó desde un rincón mi memoria al ver copia del indulto otorgado a Juan Orlando Hernández (JOH) por Donald Trump, quien justifica tal acción clamando que hubo excesiva severidad por parte del Fiscal a instancias de su antecesor Joe Biden. Puede ser y no se trata de juzgar a estos tres, sino de observar como el “gran logro” de la mega corrupta administración que está llegando a su fin, se esfuma con la excarcelación de la figura que cada uno de sus ineptos ministros utilizó para salpicar lodo. Al no tener resultados que mostrar, cada acto público se inauguraba con una carretada de oprobios que, mantuvo presencia quien fuera mentor de su comandante en las malas artes de saquear fondos públicos y, lograran honrarlo superando niveles, montos y descontento popular.

Los jefes pensaron que con su “hazaña”, estaban adquiriendo carta blanca para delinquir, haciéndose pasar simultáneamente como benefactores y; por supuesto, la primera promesa que jamás pensaron cumplir fue traer a la CICIH. Eso quedaba muy claro desde mucho antes que ingenuamente se les uniera Salvador Nasralla, no lo iban a hacer por la sencilla razón de ser los más calificados para que se les aplicara todo el rigor con el que se prometía castigar a quienes fueran investigados, como bien admitiera un miembro del familión.

El resto de los ofrecimientos bien pudieron haberlos cumplido, aunque fuera de manera parcial, si se hubieran abstenido de actuar bajo el retorcido supuesto de que son los pobres quienes votan por ellos y, por tanto, no sólo hay que mantener en esa condición a la mayoría que ya lo es, sino que hay que pauperizar a todos los sectores y estratos. Escatimaron recursos en todos los sectores, no sólo para repartir dádivas con miras a eternizarse en el poder, sino que fueron escandalosamente desviadas a fines muy particulares. Los pocos ministros y funcionarios decentes, renunciaron o volvieron a los puestos para los que se les eligió; los de vocación corrupta, no sólo florecieron, sino hasta se las arreglaron para ser reelectos. Pesaron las amenazas de divulgar oscuros secretos partidarios. Igual, aunque algunos sobrevivieron individualmente, el partido quedó maltrecho.

Tal como ha dado muestras nuestra sociedad, cuenta con una gran capacidad de aguante, ha soportado todo tipo de injusticias y abusos por décadas; de manera que se les hizo fácil seguir probando hasta dónde se podían extender los límites de tal capacidad. No calcularon muy bien, lograron que personalidades y voluntades se unieran y organizaran; de manera tal, que jamás hubiera sido posible, sin la constante amenaza de que fueran a imponer su sistema totalitario, su falta de valores democráticos y de todo tipo. Fue mucho lo que estropearon, muchas fuentes de empleo, ahuyentaron la inversión, se pelearon infructuosamente con el principal socio comercial, establecieron relaciones con economías depredadoras y comprometieron en forma severa el futuro de los migrantes que son uno de los más fuertes pilares de la economía.

En fin, además de malvados, desplegaron excesiva torpeza y falta de visión en sus actuaciones, bajo el supuesto que la ciudadanía jamás se haría un solo nudo en su contra. Echaron mano de los improvisados y prepotentes, la derrota es hoy su gran cosecha. Cierto, ahí van de nuevo los pleitos entre cachurecos y colorados; está en la naturaleza humana, no es bueno para nadie. También apostaron a que tal factor los mantendría en posición, lo que no alcanzaron a ver, fue que primero los minimizaron, nunca fueron un tercero en discordia, sólo unos usurpadores temporales, vendedores de ilusiones que no aguantaron ni la primera prueba, Y al final del camino, el trofeo que blandieron estos años, hoy camina libre por las calles. SE FUERON.

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